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La soledad del anciano

Kein Williams

Poeta fiel al portal
En un rincón olvidado de la vida,
un anciano yace solo, en triste despedida.
Sus arrugas cuentan historias de un tiempo lejano,
mientras la soledad lo envuelve, sin dueño ni amo.

Sus manos, una vez fuertes y laboriosas,
hoy están marchitas, cansadas y dolorosas.
La llama de su mirada se apaga lentamente,
la tristeza se refleja en su semblante silente.

Sus seres queridos, en el tiempo se han perdido,
como hojas llevadas por el viento han partido.
El eco de las risas y los abrazos ya no suena,
el anciano queda en silencio, sin compañía plena.

Las paredes de su hogar, testigos mudos del dolor,
escuchan sus suspiros en la oscuridad y el rumor.
La desesperanza se instala, implacable y fría,
el anciano se desliza en la melancolía.

Las horas se estiran como hilos en el aire,
y el anciano espera, aunque no vendrá nadie.
La ausencia de caricias y palabras dichas,
ha dejado en su corazón heridas marchitas.

La soledad se abraza a su cuerpo cansado,
y en el silencio de la noche, se siente abandonado.
Las lágrimas se deslizan por su rostro anciano,
mientras el mundo sigue girando, ajeno y lejano.
 
Triste vida la que le queda al anciano solitario.

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En un rincón olvidado de la vida,
un anciano yace solo, en triste despedida.
Sus arrugas cuentan historias de un tiempo lejano,
mientras la soledad lo envuelve, sin dueño ni amo.

Sus manos, una vez fuertes y laboriosas,
hoy están marchitas, cansadas y dolorosas.
La llama de su mirada se apaga lentamente,
la tristeza se refleja en su semblante silente.

Sus seres queridos, en el tiempo se han perdido,
como hojas llevadas por el viento han partido.
El eco de las risas y los abrazos ya no suena,
el anciano queda en silencio, sin compañía plena.

Las paredes de su hogar, testigos mudos del dolor,
escuchan sus suspiros en la oscuridad y el rumor.
La desesperanza se instala, implacable y fría,
el anciano se desliza en la melancolía.

Las horas se estiran como hilos en el aire,
y el anciano espera, aunque no vendrá nadie.
La ausencia de caricias y palabras dichas,
ha dejado en su corazón heridas marchitas.

La soledad se abraza a su cuerpo cansado,
y en el silencio de la noche, se siente abandonado.
Las lágrimas se deslizan por su rostro anciano,
mientras el mundo sigue girando, ajeno y lejano.

Un escrito lleno de sentimiento.
Ha sido un gusto pasar.
Mis saludos más cordiales.
 
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