Nat Guttlein
さん
La realidad se apoltrona sobre mi puerta,
me apoyo en ella e intento que no entre,
tiene garras filosas,
las siento rasquetear y ronronear,
arañar,
cada día.
Posee un aliento tóxico y tan penetrante,
que se diluye bajo la piel y causa náuseas.
La realidad tiene forma de nada,
de un monstruo que se arrastra,
se convierte en baba y te moja la cara.
Y casi al mismo tiempo,
sube lento por tu espalda,
dibujando círculos en tu cuello,
que acaban transformándose en piel de gallina.
La realidad es esa droga que te consume,
que te agota y que al mismo tiempo,
consigue provocarte inmensas ganas de salir corriendo,
aún y sin saber hacia dónde ir.
Te llena los pulmones de melancolía,
de pensamientos que aprietan y crecen como un cáncer.
La realidad a veces se aparece ante mí con forma de pesadilla,
con rostro con sabor a pasado y
me toma de la punta de los pies,
impidiendome levantarme de la cama.
Vuelve triste todas las melodías de la música que escucho,
y transforma en llagas todas las cicatrices que mi mente contiene.
me apoyo en ella e intento que no entre,
tiene garras filosas,
las siento rasquetear y ronronear,
arañar,
cada día.
Posee un aliento tóxico y tan penetrante,
que se diluye bajo la piel y causa náuseas.
La realidad tiene forma de nada,
de un monstruo que se arrastra,
se convierte en baba y te moja la cara.
Y casi al mismo tiempo,
sube lento por tu espalda,
dibujando círculos en tu cuello,
que acaban transformándose en piel de gallina.
La realidad es esa droga que te consume,
que te agota y que al mismo tiempo,
consigue provocarte inmensas ganas de salir corriendo,
aún y sin saber hacia dónde ir.
Te llena los pulmones de melancolía,
de pensamientos que aprietan y crecen como un cáncer.
La realidad a veces se aparece ante mí con forma de pesadilla,
con rostro con sabor a pasado y
me toma de la punta de los pies,
impidiendome levantarme de la cama.
Vuelve triste todas las melodías de la música que escucho,
y transforma en llagas todas las cicatrices que mi mente contiene.
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