Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
La Soledad
No escuches su cándida voz,
¡ni siquiera la contestes!,
no dejes a la soledad
entrar,
desnuda en tu albergue;
No la mires de soslayo,
¡ni siquiera la pretendas!,
no dejes a la soledad
entrar,
con la puerta abierta;
No escuches su monótono discurso,
ni oigas, su placentera canción,
no dejes a la soledad aplastarte el alma
con tu corazón;
Ya no te siento,
ya no te comprendo,
soledad de mis ojos,
soledad de mi tiempo.
Autor: Ángel San Isidro
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