Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Su largo vestido,
arrastra su encaje caído.
Singular, frío y triste sonido
de todos los que han ido
y no han regresado
de aquel lugar del pasado,
donde no hay dolor, ni pecado,
ni deudas... todo está pagado.
La vida es llorar, sufrir y soñar;
padecer el amor sin entonar
canciones u oír campanas sonar
de bodas listas a abandonar
las rutinas solitarias
del singular ahora, varias
bocas que mantener, varias
y a Dios unas plegarias...
Mas ella sigue ahí... tras la vida.
Siguiendo la entrada o salida.
Un cazador paciente, escondida
tras la sombra de la vida.
Cazando culpables e inocentes.
Ella ve las fechas en sus frentes,
sin reparo ni treguas, en silentes
pasos se apresura y caen gentes
a diestro y siniestra.
Por placer o encargo, muestra
esmero en actos, cual maestra
de su saber. Sombría y siniestra
cual boca de leones.
Ella no esta sola, a montones
aliados mortales con aguijones:
surcando los aires como aviones.
No es tan fácil quedar inerte
cuando nos toca jugar la suerte.
Y e aquí lo importante...
solo la Cruz nos libra de la muerte.
arrastra su encaje caído.
Singular, frío y triste sonido
de todos los que han ido
y no han regresado
de aquel lugar del pasado,
donde no hay dolor, ni pecado,
ni deudas... todo está pagado.
La vida es llorar, sufrir y soñar;
padecer el amor sin entonar
canciones u oír campanas sonar
de bodas listas a abandonar
las rutinas solitarias
del singular ahora, varias
bocas que mantener, varias
y a Dios unas plegarias...
Mas ella sigue ahí... tras la vida.
Siguiendo la entrada o salida.
Un cazador paciente, escondida
tras la sombra de la vida.
Cazando culpables e inocentes.
Ella ve las fechas en sus frentes,
sin reparo ni treguas, en silentes
pasos se apresura y caen gentes
a diestro y siniestra.
Por placer o encargo, muestra
esmero en actos, cual maestra
de su saber. Sombría y siniestra
cual boca de leones.
Ella no esta sola, a montones
aliados mortales con aguijones:
surcando los aires como aviones.
No es tan fácil quedar inerte
cuando nos toca jugar la suerte.
Y e aquí lo importante...
solo la Cruz nos libra de la muerte.