Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
La tarde se despide en el ocaso
del día que feliz la vio nacer,
camino del oscuro anochecer
dejando cielos rojos a su paso.
Crepúsculo es la musa del parnaso,
eterna inspiración de atardecer,
bermejo como labios de mujer
besando sin atisbo de fracaso.
La tarde de verano es luminosa,
alguna nube blanca la salpica
haciéndola, si cabe, más hermosa.
En invierno es tan gris y tenebrosa
que de su tenue luz temprano abdica
a favor de la noche misteriosa
del día que feliz la vio nacer,
camino del oscuro anochecer
dejando cielos rojos a su paso.
Crepúsculo es la musa del parnaso,
eterna inspiración de atardecer,
bermejo como labios de mujer
besando sin atisbo de fracaso.
La tarde de verano es luminosa,
alguna nube blanca la salpica
haciéndola, si cabe, más hermosa.
En invierno es tan gris y tenebrosa
que de su tenue luz temprano abdica
a favor de la noche misteriosa