Con el cáliz a rebosar de néctar los Eternales festejan el triunfo de la vida sobre la muerte.Yacen embriagados en los columpios ancestrales de un firmamento cuyo crepúsculo ya se adueña de su esencia inmortal.Los pocos mortales que tienen el pavoroso privilegio de otear hacia las alturas galácticas donde un aluvión de risas estridentes se diluyen en la fantasmal tormenta que se avecina,se prosternan en señal de alegre sumisión ante esos inmaculados seres de bella sonrisa esplendorosa y cándida.Ya cae la noche y el silencio es interrumpido por los relámpagos fragorosos que diezman las cosechas de trigo y maíz.Los hombres y las mujeres versifican plegarias hacia sus tutelares dioses.Mas no son escuchados.Entonces,en un alarde de bellaca valentía se preparan en copas de plata un potente veneno que ha de coartar sus vidas,mientras afuera de sus chozas,la descomunal fuerza de los elementos destruye el sustento de todo un año.