Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Es hora de abordar la irrealidad
-qué chuminadas digo cuando no creo en mí.
En ese mismo yo que ha vivido lo justo y necesario como para olvidar lo innecesario.
Como para creer en su propia palabra por encima de todo,
hasta tergiversar la vida.
Hasta darle la vuelta, trazar un plan divino.
En este mismo plan tan solo cabe Dios.
Es un plan maquiavélico:
Están en el Infierno. Yo tampoco me libro de la quema.
No hasta que me suicide en la bañera.-
Ahora bien, ¿qué ocurre con la realidad,
eso que percibimos gracias a los sentidos?
¿Quién conoce el sentido de toda esta falacia?
¿Quién conoce el destino de toda esta miseria?
¿El no saber me obliga a desprenderme de todo lo que ustedes llaman vida?
¿Cómo he sido capaz de controlar mis síntomas?
-qué chuminadas digo cuando no creo en mí.
En ese mismo yo que ha vivido lo justo y necesario como para olvidar lo innecesario.
Como para creer en su propia palabra por encima de todo,
hasta tergiversar la vida.
Hasta darle la vuelta, trazar un plan divino.
En este mismo plan tan solo cabe Dios.
Es un plan maquiavélico:
Están en el Infierno. Yo tampoco me libro de la quema.
No hasta que me suicide en la bañera.-
Ahora bien, ¿qué ocurre con la realidad,
eso que percibimos gracias a los sentidos?
¿Quién conoce el sentido de toda esta falacia?
¿Quién conoce el destino de toda esta miseria?
¿El no saber me obliga a desprenderme de todo lo que ustedes llaman vida?
¿Cómo he sido capaz de controlar mis síntomas?
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