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La valija de graciela

Alejandra Correas Vázquez

Poeta recién llegado
LA VALIJA DE GRACIELA
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CUADRO PRIMERO


GABRIEL
Graciela ya no se encuentra viviendo aquí en nuestra estancia, retozando por la serranía. Pero el duende de Graciela flotando sobre el espacio inconmensurable del paisaje la sigue llamando.

GRACIELA
MI vida ha sido cambiada.

GABRIEL
Ya no me buscarás más, Graciela, para conducirte al galope por el monte lleno de peligros. No seré yo más el héroe que siempre te salvaba de amenazas constantes, en medio de la maraña agreste y espinosa, en las horas silenciosas de la siesta.

GRACIELA
Es aquella la vida que para mí no habrá de volver. Aquélla tal cual era... ¡tal cual fue tanto tiempo! Yo evoco ahora a la distancia desde la ciudad, los valles y quebradas, las pampas y vertientes, ese pasado que en la vida citadina, he perdido.

(Graciela entra por la izquierda con una valija en la mano reuniéndose con Gabriel, quien la abraza. Ella viste atuendo ciudadano y él luce un elegante poncho de alpaca y su atavío gauchesco de estanciero)

GRACIELA
Aquí estoy, Gabriel. (se sientan)

GABRIEL
Estamos nuevamente juntos, Graciela, aquí en la sierra ¿Qué amas en mí? ¿Al hombre? ¿A un símbolo? ¿A la sierra?

GRACIELA
Te recuerdo, Gabriel, cómo eras en aquel momento de mi partida, quizás mucho más que como fuiste después, cuando creímos engañosamente estar más cerca. Uno en los brazos del otro...

GABRIEL
No has valorado el amor de hombre que te di y continúas atada a nuestra infancia ¿Por qué rechazas al hombre?

GRACIELA
Era entonces en aquel atardecer de nuestra despedida, cuando realmente estábamos en mutua compañía. Porque en aquel momento que sería el último de nuestra infancia, yo estaba más cerca de ti porque también estaba más dentro de mí misma, identificada con este paisaje que nos acunó... Más cerca y unidos que después, cuando intentamos recobrarlo todo luego de regreso imposible.

GABRIEL
¿Por qué imposible, Graciela? Nos hemos amado bajo el marco de la sierra, la arena, la mica, la champa, la penca, el murmullo del arroyo, el canto de las chicharras ¿No era acaso lo que buscabas al regresar aquí a las Altas Cumbres?

GRACIELA
Nos hemos amado, Gabriel, pero hay un mundo que no recobré nunca... Quedó perdido para mí en aquella despedida y tu pasión de hombre no ha logrado devolvérmelo, aunque aquí se encuentra y lo sigo buscando en tus brazos.

GABRIEL
Ahora soy un hombre y no un niño. ¿Es eso lo que encuentras diferente?

GRACIELA
¡Hay muchas diferencias más! ... Yo ahora soy muy diferente, Gabriel, la ciudad me cambió. Ya no escucho el susurro ondulante que sacude las arboledas del contorno.

GABRIEL
¿Qué veías en mí, Graciela, en aquel atardecer de tu despedida? Te ayudaré a buscar tu enigma.

GRACIELA
Tenías el esplendor de la naturaleza serrana que nunca ha perdido su esencia original, virgen en su poder ancestral, pura y cautivante como los brotes nuevos de los árboles.

GABRIEL
¿Lo crees así? Sin partir de aquí... ¿Yo he cambiado?

GRACIELA
Sí... no somos ya, tal como fuimos.

GABRIEL
Es cierto, crecimos Yo acá en la sierra, tú en la ciudad... ¿Hay algo más?

GRACIELA
Había algo más, antes... Eras la sobrevivencia de un mundo antiguo cuya identificación con la sierra provenía de una voz de la especie, más profunda que todo lo que te unía a mí.

GABRIEL
¿Y cuál era mi atractivo? ¿Por qué te fascinaba más entonces que ahora, con mi pasión de hombre?

GRACIELA
Estabas incorporado al monte por una procreación nacida en el origen del espinillo, con sus copos de oro. Y el monte se revelaba contigo contra el cemento y los motores, esos duendes modernos que a mí me llevaban hacia la ciudad.

GABRIEL
Siempre me he quedado en la sierra y en la Estancia. Pero ahora soy yo aquí un Patrón y tengo responsabilidades en ella... ¿Allí radica mi cambio?

GRACIELA
Quizás... ya no eres libre como una corzuela.

GABRIEL
Sólo el monte espinoso puede ser tan libre.

GRACIELA
Hoy creo que por ello tu despedida fue tan rápida y corta. Y en el bullicio que formábamos mi familia con nuestra partida y nuestros equipajes, dejaste atrás tuyo galopando tu alazán, una estela de polvo que te ocultó rápidamente de nosotros, antes que yo comprendiéra.

GABRIEL
Un serrano no cultiva la tristeza.

GRACIELA
¡Una voz!... una conciencia más fuerte que el poderío mecánico de este mundo, te lo había dicho todo... Era el último verano de nuestra infancia y sólo lo comprendí ese día de mi partida, cuando se perdió tu silueta al galope en una dirección diferente, sin explicarme nada.

GABRIEL
No puede cambiar un Estanciero porque no cambia la Estancia... será siempre campo, sierra, siembra, mica, arroyo, vertiente, creciente, luna, ganado, choclo.

GRACIELA
Con todos sus símbolos, como la siesta mateando bajo las parras frente a su sierra. Pero hemos cambiado nosotros, Gabriel.

GABRIEL
A nosotros nos tocó, trocarnos y retornarnos.

GRACIELA
¿Lo crees?

GABRIEL
La Estancia continúa en este lugar y nosotros adentro de ella, al pie de las Altas Cumbres. ¿Recuerdas Graciela? El mismo encanto que hoy me mantiene aquí, en esta sutil serenidad serrana.

GRACIELA
Pero nunca te has preguntado cómo te veía yo ¿Te has preguntado por qué te seguía siendo niña?

GABRIEL
Nunca lo supe y lo tomé como una dádiva de esta sierra.

GRACIELA
Llevabas dentro tuyo un hechizo, como si el sello serrano se hubiese hecho carne en tu especie. Siempre abrías la marcha por correrías montaraces.

GABRIEL
¡Somos primos! La sangre nos une Graciela, a más del amor que hemos vivido entre los dos. Ya no puedes borrarlo, ha dado un fruto.

GRACIELA
No buscaba borrar ningún acto conciente de mi vida, ni suprimir los encantos que hubo en ella ¡Como olvidar nuestro amor! Pero no era, en el comienzo un acto exclusivo mío.

GABRIEL
Ambos lo hemos compartido.

GRACIELA
¿Quién eras ya? ...quizás... ¿La Estancia? ¿La sierra?

GABRIEL
Todo ello.

GRACIELA
En aquellos tiempos eras el primero en precipitarte sobre la ollas mansas que el arroyo forma aguas arriba, y al emerger de aquella agua casi helada, brillaba húmedo y rojizo tu torso soleado, con toda tu bella naturaleza nativa.

GABRIEL
¿Es ése el único amor que pude despertarte? ¿El de mi piel, Graciela?

GRACIELA
Era belleza de sierra en esplendor. Hechizo de estas Altas Cumbres, corporizadas dentro tuyo.

GABRIEL
Soy parte de la sierra, por ello crees que la represento.

GRACIELA
Está en tus ancestros nativos, pues eras mi primo bastardo y tu madre llevaba sangre de indios, aquellos antiguos dueños de las cumbres serranas vencidos y perdidos, que deambulan todavía como almas vigilantes a través de las quebradas.

GABRIEL
Dormidos pero vivos ¿Así lo crees?

GRACIELA
Sí, vivos dentro tuyo como en el entorno serrano. Ellos se esparcían por tu intermedio junto al aire que nos rodeaba, y creíamos percibir sus voces en la soledad del monte aplastado por la siesta, antes de caer la tarde al romperse el silencio serrano por el coro de ranas nocturnas.

GABRIEL
Ambos lo creíamos entonces, Graciela, pues yo era en aquellos momentos puramente serrano. Desconocía aún quién había sido mi padre. Otras veces sobre las rocas oradadas de morteros donde antaño realizaran sus antiguas ceremonias, me parecía el viento moviendo las ramas, como un cántico misterioso que me retrotrajera al pasado.

GRACIELA
Me has comprendido.

GABRIEL
Finalmente.

GRACIELA
Y aquí te quedaste junto a todos ellos, en el mutismo silencioso de tu escenario, mientras a mí me devoraba la distancia.

GABRIEL
Pero volviste con nosotros, Graciela. Volviste a los valles y quebradas.

GRACIELA
¿Porqué nos ocultaron entonces quiénes éramos? ¿Porqué nadie nos dijo que teníamos el mismo linaje, que eras el hijo ilegítimo de mi tío muerto?

GABRIEL
¿Qué hubiera cambiado?

GRACIELA
Habría vuelto antes, Gabriel.

GABRIEL
¿Qué hubiese cambiado? La familia me trajo hacia su Estancia y nos hizo crecer juntos. Nos hemos amado aquí ¿Qué hubiera cambiado en aquella despedida? Todo volvió a su seno por fuerza propia.

GRACIELA
Es posible

GABRIEL
¿Por qué nos torturamos tanto, Graciela? Ya estamos lejos de aquella despedida... y aún estamos solos. Algo nos separa.

GRACIELA
No hemos logrado encontrarnos, Gabriel.

GABRIEL
¿De qué forma?... si aquí te veo a mi lado.

GRACIELA
Yo continúo en ausencia... No logro reintegrarme. El desarraigo fue más fuerte que mi anhelo de regreso.

GABRIEL
¿Pero fuiste acaso, Graciela, tú sola la única víctima de aquel designio ciego dado por los otros? ¿No fuimos acaso los dos conjuntamente, arrojados a un destino incierto, a una vida sedienta de amor inconsolable?

GRACIELA
Es cierto, primo mío, pero aún no puedo reintegrame a este escenario de antaño ... Y necesito partir nuevamente.

(Graciela toma su valija y sale por el costado. La escena se obscurece)

CUADRO SEGUNDO

(Graciela entra con su valija en la mano. Gabriel llega detrás de ella)

GRACIELA
Sin rebelión y sin encanto, sin emoción y sin entrega, yo fui sin ir a ese mundo diferente y me descubrí un día tan lejos tuyo, de quien yo era, de lo que había sido y lo que podría haber sido... Que ya no me reconocía a mí misma.

GABRIEL
Este es tu sitio, Graciela.

GRACIELA
Ya no... Pues acepté lentamente o más vale me adapté, a las nuevas disposiciones de mi suerte, la ciudad me ha cambiado.

GABRIEL
Esta es tu sierra y tu tierra, Graciela.

GRACIELA
Así lo creí al regresar. En mi tristeza impotente por asir un mundo que se evadió dentro mío, he buscado tu compañía con pasión... Sin advertir que soy yo quien se halla lejos tuyo...

GABRIEL
Te hemos reincorporado a nuestra vida de Estancia.

GRACIELA
Con la energía de mis recuerdos yo avancé quizás contra mí misma. La imponencia del monte helado, la escarcha flotando sobre el arroyo, todo este conjunto parece ahora rechazarme. Detenerme... Luego tu silencio... perenne... antiguo.

GABRIEL
Es el silencio del monte donde habla sólo la naturaleza, no los hombres ¿Lo habías olvidado?

GRACIELA
Es posibler, lo olvidé. Es ésta, la tuya, una vida distendida en el espacio. La energía del tala erguido sobre los churquis invernales, con su piel curtida de espinas. Aspera en el exterior, pero siempre carnosa en su interior como el jugo de la tuna, luminosa como la corola del cardo... ¿Es posible acaso para mí adherirme a esta pulpa olvidada? Todo está como entonces. ¡Yo soy la que ya no me encuentro más aquí !... y se impone mi nueva partida.

(Sale con su valija y la despiden mano en alto Gabriel)

GABRIEL
¿Y qué queda ahora de nuestro juegos, de nuestra infancia de ese destino que nos llevaba juntos? Esta ausencia, lenta y larga, como la noche que envuelve a las ánimas en su manto obscuro.... Han pasado dos años ...

GRACIELA
(se oye desde afuera la voz de Graciela) ¿Es posible para mí volver otra vez? El ensueño que ofrece la distancia precipita hacia anhelos, cual fuegos que crispan mis sentidos.

(Graciela entra en escena pero se coloca sentada a un costado, separada de él)

GABRIEL
No es la misma, han pasado dos años.

(Graciela se levanta dirigiéndose a Gabriel)

GRACIELA
¿Es posible para mí adherirme a esta pulpa olvidada?

GABRIEL
Continúa todo como estaba cuando partiste.

GRACIELA
No es verdad. Antes éramos solamente compañeros de juegos infantiles. O románticos amantes... Hoy somos primos de una misma sangre.

GABRIEL
Nada ha cambiado, fuera de una apariencia... un apellido que es también el tuyo. Y yo desde siempre, sólo he vivido en compañía del ganado, los sembrados, la sierra imponente, en la Estancia.

(Ambos toman asiento en el centro)

GRACIELA
¿Es posible volver, íntegramente?

GABRIEL
Si lo deseas. No voy a imponerte mi voluntad.

GRACIELA
Todo se halla aquí. El monte, impecable, como si la vida se hubiese detenido.

GABRIEL
Es la sierra que te invita a su encuentro, Graciela.

GRACIELA
Las mismas voces. El mismo coro nocturno de chilicotes y coyuyos. Las ánimas vigilantes en las quebradas y tu figura al galope de un alazán, por las pampas de estas Altas Cumbres.

GABRIEL
No estamos en el mismo tiempo, ya no somos niños y nuestro sentimiento es diferente.

GRACIELA
¡Qué fácil es todo cuando el amor pasional embriaga, y qué difícil es todo cuando se quiere dominar la vida!

GABRIEL
¿Desdeñas mi pasión de hombre por tí?

GRACIELA
Ignoro por qué lo tomaste todo. Por el misterio de tu monte, por esta acogedora casona familiar que nos cobija en su magia. Pero sabes bien y mejor que yo, que ya no estamos en el mismo sitio.

GABRIEL
Hemos crecido.

GRACIELA
Pero ahora, Gabriel, puedo verte frente a frente, sin añoranzas que magnifiquen la ilusión. Ya no somos los mismos...

GABRIEL
No podemos serlo, Graciela, hemos crecido y nos hemos amado como mujer y hombre.

GRACIELA
Pero en mi interior, como una penca áspera y llena de pulpa, aún pervives intacto Gabriel, como figura de nuestros juegos de antaño.

GABRIEL
¿No puedes apartarme Graciela de aquel niño que fui, cuando yo era tu héroe infantil? Ni siquiera en mis brazos, has adivinado al hombre que soy hoy.

GRACIELA
Ahora sé que comprendes y percibes mejor que yo, las sombras que avanzan hacia nosotros, amenazando el bello poema de nuestra infancia.

GABRIEL
¡Y no tenemos convicción para continuarlo!

GRACIELA
Ninguno de los dos es capaz de continuarlo, como yo no soy capaz de permanecer estable a tu lado. La tormenta nos arrojó hacia el camino y hemos perdido las señales de regreso.

GABRIEL
Ni yo siquiera con mi pasión de hombre, mi silencio o mi compañía, puedo reintroducirte de improviso en las cumbres serranas.

GRACIELA
¿O no quieres intentarlo otra vez?

GABRIEL
No. Pues es un imponderable que es necesario cobijar adentro de uno mismo, sin ayuda de nadie... Nacerá de ti o no volverás más... ¡Adiós Graciela!

(Gabriel se ha puesto de pie con actitud fría y Graciela toma su valija para volver a salir
por donde vino, ambos salen)

CUADRO TERCERO

(Entra Gabriel)

GABRIEL
El ganado se ha multiplicado. La peonada me quiere y escucha. El choclo prospera, tendrá granos esponjosos. Las pircas fueron renovadas y extendidas.

(Entra Graciela llevando a un niño de la mano)

GRACIELA
Si la sorpresa de mi nuevo regreso es inquietante para ti, o tal vez ya te sea indiferente, para mí es parte de una necesidad propia. Tal vez porque crea que un niño es un regalo ...Un gurí de regalo... Gabriel : éste es Gurí.

GURÍ
Yo no te conozco

GABRIEL
Ya me conocerás. Soy tu padre, Gurí. (lo levanta y abraza)

GRACIELA
Somos tu familia que estamos aquí juntos.

GABRIEL
¿Has vuelto de verdad Graciela, para quedarte?

GRACIELA
Te traje al Gurí y él es ahora lo que más importa. Lo concibió la sierra, más que nosotros mismos.

GABRIEL
¿Escuchas a lo lejos, Graciela? En derredor nuestro y en cada rincón del monte el canto de las ranas y chicharras nos brindan la música más antigua de la tierra.

GRACIELA
Es esa fuerza natural... lo que yo vengo siempre a buscar en la energía de tus brazos.

GABRIEL
¿Te era necesario, Graciela, un divagar tan incierto de marchas y retrocesos?

GRACIELA
Tanto como mi interioridad requería para identificarme con mí misma... Pues yo busqué en la ciudad, sin lograrlo, la ruptura con el viejo ensueño.

GABRIEL
Un ensueño no se rompe, pues allí te he amado yo siempre Graciela.

GRACIELA
¿Porqué el amor que me trajiste en tardes como éstas, bajo la frondosidad de los talas, me pareció siempre el mismo de la infancia?... Como tus pasos ágiles de niño que acudían de noche hasta mi ventana para llenarme el dormitorio de luces volantes, invadiéndome con el recto cometa verde de los tucos.

GABRIEL
Porque era el mismo amor... cambiadas las edades. Fueron luces de tuco en tu cuarto al principio ¡Y fuego de hombre después! ¿Eres ahora la misma?

GURÍ
¡Ella es mi mamá!

GRACIELA
Gabriel... he llegado. Aunque crea no ser ya parte del monte, estoy unida a él como a ti, como a los talas centenarios por un poder que va más allá de nuestros sentimientos. Y ese poder por una transmisión de espacio, pervive en ti y es el imán que me trae siempre de vuelta.

GABRIEL
Es el poder que te hace regresar coinmigo, y se mantiene en el centro de nuestro escenario común. Las Altas Cumbres. El monte puro y natural. La Estancia.

GRACIELA
Es el llamado que nos une y se halla impresa en mi pasado como en el tuyo.

(Graciela y Gabriel se hallan sentados mateando, él le entrega un nuevo mate cebado que Graciela concluye de tomar chirriando la bombilla)

GRACIELA
Cuando las voces nocturnas te invadan junto a la sierra y aún no hayas desmontado de tu alazán... piensa que puedes hallarme hoy o mañana. Porque a tu puerta volveré una y mil veces como se vuelve al interior de nosotros mismos.

( Graciela le devuelve el mate y Gabriel coloca la pava sobre el brasero que se halla prendido a sus pies )

GURÍ
¡Yo soy el Gurí!


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Alejandra Correas Vázquez
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