Pantematico
Amargo el ron y mi antipática simpatía.
La urgencia de su voz incrementó mi prisa
se oía muy mal a través del teléfono
¡Ya voy!, aguanta; le decía presionado
ya llamé también al novecientos once.
Llegué a su departamento, golpeé la puerta
la derribé de un empellón y una patada
y lo vi desangrándose en el piso
la entrepierna completamente púrpura
de un rojo oscuro, intenso
las tijeras ensangrentadas en la mano izquierda
y los ojos llenos de miedo.
Un pedazo de carne sanguinolento
asqueroso, yacía arrancado en el piso;
la sangre de la herida no paraba
sus ojos me miraron con ansiedad,
ya viene la ambulancia, aguanta
y le tomé de la mano.
¡No me gusta, no lo quiero!
y sollozaba
apretaba mi mano tan fuerte
palidez de muerte reflejaba su piel
reflejos insanos al color
que resbalaba bajo mis pies.
¡No me gusta, aléjalo no lo quiero!
no quiero verlo nunca nuevamente
y señalaba aquel pedazo de carne
deprimente, muerto, arrancado, cortado.
Los paramédicos llegaron,
resbalando en el piso tan lustroso
pegajoso
revisaron y a toda prisa
lo subieron en una camilla,
nunca solté su mano pero...
no alcanzó a llegar al hospital.
Murió con mi mano entre las suyas
y sus negros ojos infinitos tan bellos
guardaron silencio.
Mi amigo no soportaba su disforia
el rechazo, bulling, discriminación,
la indiferencia
a los veinte años se auto-mutiló de muerte
por aquello que era suyo, pero no le pertenecía.
Todas las noches observo el cielo y las estrellas
y en ellos su última mirada se me revela
sin importarme lo que sus amigos y familia
describían como
su indescriptiblemente desagradable vida