La víbora y la cobra

Heminghost

Poeta recién llegado
“¡Desgraciados! ¡Mil veces desgraciados!” Exclama el desgraciado, totalmente desahuciado, sin esperanzas, completamente resentido, ya no es él quien habla, por supuesto que no, sino el rencor y la desesperanza haciendo alarde de sus tétricos rayos, irradiando e impregnando de tristeza y melancolía un ambiente fúnebre, creado por una mente decepcionada. “¡Que sean felices!” exclama ahora el desgraciado, mostrando sin vergüenza alguna su patética y triste postura, un imbécil sin mano firme, con mente blanda, con corazón quebradizo, con espíritu noble y con alma sin identidad. “Mañana será otro día” Piensa ahora el desgraciado, buscando esperanza en un charco poco profundo, un charco lleno de dudas e incertidumbre, el cual empapa de ilusión por pocos segundos, trayendo luego dolor cuando las gotas huyen.
 

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