Cada mañana cuando despierto
el sol me pregunta:
¿de dónde vienes?
y, a la tarde, al ocultarse, me dice:
¿a dónde vas?
Y siempre son las mimas preguntas
pero nunca las mismas respuestas:
yo a él, por ser igual, le agradezco
y él a mí, por ser diferente.
Es que yo, al terminar cada noche,
vengo, salgo, nazco, eclosiono,
feliz, de un mundo distinto,
aunque vuelva al mismo invariable en que existo.
Al sol, en una sola palabra le explico,
una sola en la que ese mundo está implícito:
es la cerradura y la puerta,
la llave de una ilusión:
ilusión que es la clave
de mis formas de vida,
de mis formas de muerte.
Pero, sólo mi mente contiene
el milagro de abrirse al milagro
de recordar y olvidar
ese mundo y la vida.