Laberinto de miedos

Alejandro Magno

Poeta recién llegado
No la veía pero sentía su mano acariciar su espalda, no la sentía pero la veía allí sentada en cuerpo y alma.
- No quiero hablar del tema - Murmuró dando explicaciones al suelo.
- Dile a tus ojos que no me griten, que no me dejan oír tus palabras – Dijo ella cuando al fin levanto la mirada. Siempre había sido buena en eso de leer sus ojos, como si fueran el libro de su alma.
La contemplo con atención, ella merecía hasta la última estrella del cielo, volteó y al mirarla de nuevo, ya merecía la Luna y el cielo enteros. ¿Como no habría de sentir tan inmenso miedo? ¿Como se suponía que algún día estuviera a su altura?
- En los cobardes no florecen los sueños - Agregó como oyendo sus pensamientos.
El tropezó con sus propios inventos, tartamudeó algo y su silencio le entrego con moño toda la razón a su berrinche certero.
Contra las cuerdas y sin argumentos para ensayar una respuesta, se sumergió en sus propios sentimientos. ¿Por qué creemos que por viejo el miedo entrega fácil el cuello? Más viejo es el viento y aún sopla. Y aunque el fin justifique los miedos, no tiene dudas que mantenerse a la sombra de sus abrazos es lo que más quiere en este desierto. No es tarde, su mano sigue a su alcance, el hombre arriesga su vida cada vez que elige y es eso lo que completamente libre lo hace.
Olvidar es un vicio de la mente, nunca un deseo del corazón, se juega entero con un abrazo, que en tus hombros encuentra perfecta complementación. Suspira, y como un tornado su aliento arrasa con toda la magia a su paso, al olerse en el nuevamente el perfume del miedo al fracaso.
- Preocúpate cuando deje de suspirar, cuando disminuya el tamaño de este amor, y quepa en mi pecho con menor dificultad - Ingenuo se intentó excusar.
Ella sonrío con picardía, mientras el su nariz en su cuello hundía. Al alzar su cabeza ella ya no estaba. Ya no estaba, quizás su suspiro se la llevó, tal vez nunca estuvo. Es que en el laberinto del miedo las primeras en perderse son las certezas, y no hay peor brújula para encontrarlas que un cobarde en potencia.
Nadie tiene miedo, y el miedo los tiene a todos.
Yo doy gracias que te tengo, y que solo a vos te pertenezco.

Es pura coincidencia cualquier similitud con mis sueños.
 

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