Laberinto

Ramiro Balcaza

Poeta recién llegado
En un rincón, sobre un banco, con los ojos abiertos o cerrados, bajo un techo o la lluvia, aturdido o en silencio, tras un cigarro, en un sueño o despiertos como si hubiera gran diferencia en el sentido de las conciencias, frente a un árbol. Todas esas palabras comienzan a llover, se agrupan en un silencio completamente humano, organizadas por la danza pálida de los cigarros, son parte del conjunto de pesadillas, de las arduas vigilias y del peso del remordimiento, donde cada cadencia es música y la música un árbol, se chocan, se discuten, se borran, pero persisten en detener un momento que como todo lo que se mantiene bajo ese denso rector que han llamado tiempo, perduran incansables, inagotables, alternas y laterales, y hasta casi infinitas. Me abruma el misterio y la procedencia, el porqué de cada impulso, el destino de las certezas o de la verdadera ciencia. El abrir de los párpados, la orquesta del lucero, el llanto de las jaulas, las gotas y las montañas. Las inestables dependencias, esas vagas y sentimentales ideas. Si el dado cae en seis he vencido a dios, pero si la palabra pierde, el ser calla, el pensamiento es una combinación aleatoria de colores que solo termina en la sublimación más desenfrenada y hasta natural que las mismas han desnudado, avergonzando en cada equivoco o falencia a las víctimas y victimarios, optando por una traición recíproca, en una ruta sin fin, un camino de arterias, un garabato, un espiral, o solo un laberinto.
 

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