LABRIEGO
Firme, calmado, a conciencia
labra el labriego la tierra
y tras su mulo se aferra
al arado con paciencia.
Sin sudores, la inclemencia
del invierno el cuerpo enfría,
frunce la frente y porfía
por hacer el surco recto,
que su trabajo perfecto
muestre su categoría.
Después de arar el sembrar
sea el trigo o la cebada
y después otra pasada
para la siembra tapar.
Ya solo queda esperar
que el tiempo haga su faena
y que su esfuerzo y su pena
en cosecha fructifique
y por mil se multiplique
cada grano en su alacena.
El labrador y hortelano
es serio, honrado y capaz,
de la tierra capataz,
conservador y artesano.
Es frugal, casi espartano,
resistente a la fatiga,
su trabajo le fustiga
en el campo cada día,
es donde encuentra alegría,
la tierra amante es su amiga.
Labrador que en la besana
tu sudor riega el labrar
surco a surco sin cesar,
¡Se te alarga la mañana!
Y ruega tu alma aldeana
al cielo por aguas puras
para que el trigo en alturas
crezca bien y fructifique
y que nada perjudique
a las espigas maduras.
Firme, calmado, a conciencia
labra el labriego la tierra
y tras su mulo se aferra
al arado con paciencia.
Sin sudores, la inclemencia
del invierno el cuerpo enfría,
frunce la frente y porfía
por hacer el surco recto,
que su trabajo perfecto
muestre su categoría.
Después de arar el sembrar
sea el trigo o la cebada
y después otra pasada
para la siembra tapar.
Ya solo queda esperar
que el tiempo haga su faena
y que su esfuerzo y su pena
en cosecha fructifique
y por mil se multiplique
cada grano en su alacena.
El labrador y hortelano
es serio, honrado y capaz,
de la tierra capataz,
conservador y artesano.
Es frugal, casi espartano,
resistente a la fatiga,
su trabajo le fustiga
en el campo cada día,
es donde encuentra alegría,
la tierra amante es su amiga.
Labrador que en la besana
tu sudor riega el labrar
surco a surco sin cesar,
¡Se te alarga la mañana!
Y ruega tu alma aldeana
al cielo por aguas puras
para que el trigo en alturas
crezca bien y fructifique
y que nada perjudique
a las espigas maduras.
::