daniel amaya
Poeta fiel al portal
Recorren y recorrenlas almas blancas
como aguas turbulentas,
desde una delicada caída
caen atemorizando el fuego caminante
en los costados del abismo,
apiadando al infinito,
al sueño, al arrullo de fantasmas,
a los gritos de niños...
En el dolor,
la sangre fluye en desconsuelo,
con tristeza,
a veces dolor de alegría,
desde la profunda caja de pandora,
blanca manchada
de angustia eclipsada,
de alas desprendidas,
de los escombros acumulados,
en los sueños tendidos,
en las ilusiones pasajeras,
desde la más profunda soledad
de los significados.
Crecen las ramas
de esa hoguera,
liquidas, espesas, reales, latentes,
soñadoras, mágicas, sentidas,
del corazón,
del color del alma
que ni el viento puede secar.
La luz del alma
enciende dos astros
de miedo, de alegría,
ventanas de sus adentros,
por dentro un colador en la cabeza
hasta donde importa,
donde es hermosa la música,
como el discurso de un piano.
Lágrimas de sangre,
corazón que llora,
la verdad importa
sujeta adentro donde significa,
fluyen por una delicada caída
de amor tejida con tristeza,
son un lamentar,
una pasión desmedida,
ultraje, testimonio del contexto.
Lágrimas justas, lágrimas del todo,
en la creciente subterránea,
oscura visible, blanca invisible,
no sé explicar el adentro,
esta teñido
de blanco,
a veces oscuro
y a veces de cualquier tonalidad,
las lágrimas tiñen según su esencia,
la caja está atada,
sufre, ríe, es una laguna espesa
de esplendido color.
Fluyen a esa distancia corta,
entre el corazón y las ventanas,
hacia afuera, donde son libres,
donde se les termina el dolor
y pueden volar con el viento
a ser estrellas que imploran amor.
Última edición: