Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Cuando la luna está ciega, él aparece.
Es grotesco, sin nombre. Ni siquiera merece un rostro.
Un astro podrido lo vomitó en mi camino.
Fue su último esfuerzo antes de desvanecerse en el infinito;
el ahogo,
los excrementos previos a la muerte.
Eso es él: sólo los desperdicios alienígenas de una estrella.
Apuñaló los ojos de la luna para poder quedarse en la Tierra,
porque cuando llueve su juicio
todos los velos de su cuerpo se derriten
y su naturaleza queda desnuda:
la voz que resulta repugnante incluso cuando no habla,
sus ademanes de duende enloquecido,
mi propia piel, carcomida por su abrazo.
Ahora que me he deshecho del espejismo,
¿cuánto tiempo pasará hasta que mis manos dejen de sentir vergüenza
por haberse hundido en el lodo
antes de hundirse en ti?
Es grotesco, sin nombre. Ni siquiera merece un rostro.
Un astro podrido lo vomitó en mi camino.
Fue su último esfuerzo antes de desvanecerse en el infinito;
el ahogo,
los excrementos previos a la muerte.
Eso es él: sólo los desperdicios alienígenas de una estrella.
Apuñaló los ojos de la luna para poder quedarse en la Tierra,
porque cuando llueve su juicio
todos los velos de su cuerpo se derriten
y su naturaleza queda desnuda:
la voz que resulta repugnante incluso cuando no habla,
sus ademanes de duende enloquecido,
mi propia piel, carcomida por su abrazo.
Ahora que me he deshecho del espejismo,
¿cuánto tiempo pasará hasta que mis manos dejen de sentir vergüenza
por haberse hundido en el lodo
antes de hundirse en ti?