Carlos Rodríguez Morales
Poeta recién llegado
A veces, mientras camino
agito mis pupilas en un mundo al descubierto, me dejo caer
al vacío donde todo es posible
en cada lugar, la sinfonía de estímulos calando el cutis
aquello de inolvidable, aquello de irrebatible
cada sitio donde me poso
y muevo mis brazos en una sabana azul que es el cielo
donde el sol es un viejo reloj
marcando tiempos que no transcurren.
A veces los recuerdos y las palabras
bien dichas por cada una de las razones
aumentan esta inútil cercanía con la nada
llegan para soslayar la herida
pero conocemos bien las circunstancias
nos alejamos de Dios a propósito
para atestiguar el consuelo triste de la melancolía.
Para entender lo que trato de decir
en una poesía ilegible, sugiero.
A veces
cuando camino
las manchas de los chicles
son notas musicales
corcheas y silencios
en el pavimento húmedo de Lima.
agito mis pupilas en un mundo al descubierto, me dejo caer
al vacío donde todo es posible
en cada lugar, la sinfonía de estímulos calando el cutis
aquello de inolvidable, aquello de irrebatible
cada sitio donde me poso
y muevo mis brazos en una sabana azul que es el cielo
donde el sol es un viejo reloj
marcando tiempos que no transcurren.
A veces los recuerdos y las palabras
bien dichas por cada una de las razones
aumentan esta inútil cercanía con la nada
llegan para soslayar la herida
pero conocemos bien las circunstancias
nos alejamos de Dios a propósito
para atestiguar el consuelo triste de la melancolía.
Para entender lo que trato de decir
en una poesía ilegible, sugiero.
A veces
cuando camino
las manchas de los chicles
son notas musicales
corcheas y silencios
en el pavimento húmedo de Lima.