Gasté todos mis ahorros en cerveza
para vomitar cada uno de mis defectos,
imagina pues que no es mucho
todo lo que puedo ofrecerte,
una cama semivacía pero aún
las sábanas están calientes
y aunque no recuerdo mis sueños,
juro haberte dibujado sin límites,
descubriendo tus trazos a oscuras
únicamente un refugiado,
que acampa en el centro de tu cuerpo,
empiezo a subir por tus tobillos,
comienza a alimentarse esta locura
que crece todos esos centímetros,
tantos como separan tu ombligo de tu boca.
Puede que lo que escribo ya esté dicho
o que lo que diga no esté escrito,
por eso paseo entre dictados
que se expresan sin ningún tipo de regla,
escucho voces terrenales que me quieren
echando raíces, pero yo las desoigo todas,
aún pienso que los relojes nos sonríen,
deteniéndose a nuestro paso a la carrera,
los árboles se inclinan ante nuestra presencia.
Quizá solo es el viento quien golpea arrebatado,
envidioso de esta pura felicidad,
primer aviso de que nada es irrompible,
si no se riegan, incluso los sentimientos son frágiles,
se escurren entre las pestañas
buscando reflejos sinceros en las pupilas
entre lágrimas flotando contra fuerza de gravedad,
en las miradas que igual se posan en el suelo,
poco a poco todo ello hace mella
en los adoquines de nuestra existencia.
Otro contrato de dos meses palia la sed de rutina,
como si la diferencia me fuese alérgica,
mas yo la busco como a otra adicción,
te busco como a mi mayor vicio,
pero nadie trafica con tu fidelidad,
vuelvo a caer en cunetas y callejuelas oscuras
esperando mi receta para obtener tu dosis,
pero la única limosna que recibo es zumo de malta,
no me hace olvidar, no es el antídoto a tu falta,
me dejo engañar de nuevo por la alcoholizada impaciencia,
ella me susurra al oído tus recuerdos,
descubro que las matemáticas no son mi ciencia,
aunque aún creo saber como sumarnos,
no quiero cifras con que enterrar tu hasta luego,
mientras tú
te
VAS
(la ecuación vuelve a plantearse)
para vomitar cada uno de mis defectos,
imagina pues que no es mucho
todo lo que puedo ofrecerte,
una cama semivacía pero aún
las sábanas están calientes
y aunque no recuerdo mis sueños,
juro haberte dibujado sin límites,
descubriendo tus trazos a oscuras
únicamente un refugiado,
que acampa en el centro de tu cuerpo,
empiezo a subir por tus tobillos,
comienza a alimentarse esta locura
que crece todos esos centímetros,
tantos como separan tu ombligo de tu boca.
Puede que lo que escribo ya esté dicho
o que lo que diga no esté escrito,
por eso paseo entre dictados
que se expresan sin ningún tipo de regla,
escucho voces terrenales que me quieren
echando raíces, pero yo las desoigo todas,
aún pienso que los relojes nos sonríen,
deteniéndose a nuestro paso a la carrera,
los árboles se inclinan ante nuestra presencia.
Quizá solo es el viento quien golpea arrebatado,
envidioso de esta pura felicidad,
primer aviso de que nada es irrompible,
si no se riegan, incluso los sentimientos son frágiles,
se escurren entre las pestañas
buscando reflejos sinceros en las pupilas
entre lágrimas flotando contra fuerza de gravedad,
en las miradas que igual se posan en el suelo,
poco a poco todo ello hace mella
en los adoquines de nuestra existencia.
Otro contrato de dos meses palia la sed de rutina,
como si la diferencia me fuese alérgica,
mas yo la busco como a otra adicción,
te busco como a mi mayor vicio,
pero nadie trafica con tu fidelidad,
vuelvo a caer en cunetas y callejuelas oscuras
esperando mi receta para obtener tu dosis,
pero la única limosna que recibo es zumo de malta,
no me hace olvidar, no es el antídoto a tu falta,
me dejo engañar de nuevo por la alcoholizada impaciencia,
ella me susurra al oído tus recuerdos,
descubro que las matemáticas no son mi ciencia,
aunque aún creo saber como sumarnos,
no quiero cifras con que enterrar tu hasta luego,
mientras tú
te
VAS
(la ecuación vuelve a plantearse)
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