Marisol Moreno
Poeta recién llegado
Las mujeres siempre fruto
fruto amable, y placentero,
no quiero que esa fruta crezca
ni quiero que sea placentero,
porque parece que la vida
nos asignó un rol incierto,
el de casarnos y criar hijos
y afrontar muchos sufrimientos.
No quiero que la mujer sea
fruta de nada, ni miedos,
ni burro de carga, de látigo
porque la mujer es de hierro,
fuerte, y trabajadora,
sufrida, que calla en silencio
que sufre sus heridas,
y se lame sus huesos,
que compañera te doy
y no esclava, dicen los versos,
pero siempre le toca lo peor
el trabajo más duro y feo,
siempre le toca el castigo
¿para cuándo los festejos?,
los vestidos, los bailes,
las caricias y los besos,
la tranquilidad, la calma,
la sonrisa y un ¡te quiero!.
Muchas mujeres sufren
aun, en este mundo incierto,
en este mundo civilizado
en este mundo tan muerto,
en los continentes lejanos
sufren horrores, en silencio;
quiero que cambie este mundo,
y las mujeres primero,
y manden, para liberarse
de los yugos de sus dueños.
fruto amable, y placentero,
no quiero que esa fruta crezca
ni quiero que sea placentero,
porque parece que la vida
nos asignó un rol incierto,
el de casarnos y criar hijos
y afrontar muchos sufrimientos.
No quiero que la mujer sea
fruta de nada, ni miedos,
ni burro de carga, de látigo
porque la mujer es de hierro,
fuerte, y trabajadora,
sufrida, que calla en silencio
que sufre sus heridas,
y se lame sus huesos,
que compañera te doy
y no esclava, dicen los versos,
pero siempre le toca lo peor
el trabajo más duro y feo,
siempre le toca el castigo
¿para cuándo los festejos?,
los vestidos, los bailes,
las caricias y los besos,
la tranquilidad, la calma,
la sonrisa y un ¡te quiero!.
Muchas mujeres sufren
aun, en este mundo incierto,
en este mundo civilizado
en este mundo tan muerto,
en los continentes lejanos
sufren horrores, en silencio;
quiero que cambie este mundo,
y las mujeres primero,
y manden, para liberarse
de los yugos de sus dueños.