Hejaran
Poeta asiduo al portal
LAS PUTAS TRISTES
Cómo van a estar tristes las putas, si antes de putear aprendieron a sufrir, a llorar, y a gozar.
Además de hambre y necesidades viven penalidades; el camino es espinoso y encima están el novio, y el mozo.
Hay que bailar, cocinar, aplanchar, trasnochar y fornicar; así se esté con maluquera, o muerta de la borrachera.
Hay que estar muy pizpireta, si se pretende vivir de la horqueta, saberse de baile todos los pasos, y adornarse con besos y abrazos, si el de turno es muy metelón; hacer hasta estriptís y bajarle el pantalón.
Llamarle a esto vida fácil, es solo una ilusión, en realidad es una desproporción.
Para evitar la tristeza no usamos la cabeza, tomamos aguardiente o ron, chicha, chirrinche y cerveza, nos metemos un basuco, un cacho de marihuana, o si son más de las nueve nos damos un paso de nieve, y si se nos da mucho amor, puteamos por dinero, y si se nos da harto dinero, puteamos por amor.
No creemos en consejos ni de muchachos ni viejos; a todos les damos lo mismo dependien-do lo que hagamos; esto, como en una rifa, cada premio cambia de tarifa.
Si usted es rico y acaudalado, lo hacemos por un solo lado, pero si es mísero y depravado le damos por lado y lado, le brindamos los tres platos, así no tenga para el rato, aunque lo tengamos que hacer con la luz de una vela y nos encime una pela.
Viviendo como meretrices, nada nos hace felices, en éstas se nos va la vida que se agota como una pavesa; no me hablen de tristeza, que acaba de sonar un danzón y se me enciende el corazón.
El mundo sigue andando, como puta lo sigo prestando con un poco de nobleza, pero no me hablen de tristeza, porque lo tengo que hacer y a todos me quiero comer.
No tuve padre ni madre, sólo un tío violador, que me enseñó a putear y las tarifas del amor; por veinte o treinta mil, le hago rico y cortico; por cincuenta o por cien mil, la tarde no tiene fin, y por unos pesos más se lo doy el día entero sin pereza, y hasta le doy rabo y oreja.
Y no me hablen de madrugar, que no sé ni trabajar, lo único que me gusta es putear, y lo hago sin tristeza.
Todas a veces pensamos que merecemos piedad, y compasión, que la vida nada nos da, ni siquiera amor, porque los malos tratos nos hacen perder no solo la razón, también el corazón.
No por brutas tomamos esta profesión, a esto nos lleva la vida, la vagancia, la ignorancia y la mala situación, además, la que nace para puta, no tiene salvación....
DERECHOS RESERVADOS. HEJARAN
Cómo van a estar tristes las putas, si antes de putear aprendieron a sufrir, a llorar, y a gozar.
Además de hambre y necesidades viven penalidades; el camino es espinoso y encima están el novio, y el mozo.
Hay que bailar, cocinar, aplanchar, trasnochar y fornicar; así se esté con maluquera, o muerta de la borrachera.
Hay que estar muy pizpireta, si se pretende vivir de la horqueta, saberse de baile todos los pasos, y adornarse con besos y abrazos, si el de turno es muy metelón; hacer hasta estriptís y bajarle el pantalón.
Llamarle a esto vida fácil, es solo una ilusión, en realidad es una desproporción.
Para evitar la tristeza no usamos la cabeza, tomamos aguardiente o ron, chicha, chirrinche y cerveza, nos metemos un basuco, un cacho de marihuana, o si son más de las nueve nos damos un paso de nieve, y si se nos da mucho amor, puteamos por dinero, y si se nos da harto dinero, puteamos por amor.
No creemos en consejos ni de muchachos ni viejos; a todos les damos lo mismo dependien-do lo que hagamos; esto, como en una rifa, cada premio cambia de tarifa.
Si usted es rico y acaudalado, lo hacemos por un solo lado, pero si es mísero y depravado le damos por lado y lado, le brindamos los tres platos, así no tenga para el rato, aunque lo tengamos que hacer con la luz de una vela y nos encime una pela.
Viviendo como meretrices, nada nos hace felices, en éstas se nos va la vida que se agota como una pavesa; no me hablen de tristeza, que acaba de sonar un danzón y se me enciende el corazón.
El mundo sigue andando, como puta lo sigo prestando con un poco de nobleza, pero no me hablen de tristeza, porque lo tengo que hacer y a todos me quiero comer.
No tuve padre ni madre, sólo un tío violador, que me enseñó a putear y las tarifas del amor; por veinte o treinta mil, le hago rico y cortico; por cincuenta o por cien mil, la tarde no tiene fin, y por unos pesos más se lo doy el día entero sin pereza, y hasta le doy rabo y oreja.
Y no me hablen de madrugar, que no sé ni trabajar, lo único que me gusta es putear, y lo hago sin tristeza.
Todas a veces pensamos que merecemos piedad, y compasión, que la vida nada nos da, ni siquiera amor, porque los malos tratos nos hacen perder no solo la razón, también el corazón.
No por brutas tomamos esta profesión, a esto nos lleva la vida, la vagancia, la ignorancia y la mala situación, además, la que nace para puta, no tiene salvación....
DERECHOS RESERVADOS. HEJARAN
Última edición: