Le faltaba puro hablar...

Karla Incauta

Reiniciándome
Al octogenario
le gustaba guardar la placa
en recipientes con vino blanco y bebida,
el agua no era de su simpatía,
no la ocupaba ni pa´ pegarse una "lambía",
menos pa´ mandarse una sopita diaria
eso era para "maricas" decía...

Acostumbraba a dormir
con el "Zampoña",
único amigo, que a pesar
de su origen canino
tenia condiciones
pa´ ser llevado por los rusos
o terminar en algún circo gringo

El Zampoña cuidaba de su amo y el vino,
solía realizar con empeño sus actividades diarias
y con minucioso sigilo...
la primera era conseguir algunos huesos frescos,
la segunda echar cagando a los pacos
que se querían llevar al viejo
cuando ya estaba a medio filo
y por ultimo en las noches debía,
por debajo de los cartones,
abrazar a su octogenario amigo...

Una noche, la Luna y la escarcha
los recibió con una bofetada de realidad...
una patrulla nacionalista
"corregía" la vida nocturna de la lluviosa ciudad,
Zampoña intentó arrojarse para
morder esas botas Hitlerianas culiás

Sin tener suerte,
la vida de su octogenario,
en pocos minutos, yacía finiquitá
ya sin risa, ni olor a vino con bebida,
sólo quedaba una camisa oscura toda empapá
y un amigo can lamiendo los ojos
para que pudiese despertar

La placa del Octogenario, don Rubén,
desde ese momento permanece enterrá
el Zampoña la cuida como "hueso"
esperando que algún día su amo se levante
y la vuelva a buscar...
 
Otra genialidad que encuentro esta mañana y coincide que también la has escrito tú.

Ternura a espuertas se revela línea a línea. Felicidades Karla.

Saludos

Palmira
 
Otra genialidad que encuentro esta mañana y coincide que también la has escrito tú.

Ternura a espuertas se revela línea a línea. Felicidades Karla.

Saludos

Palmira

Gracias linda Palmira, la verdad es que como tiene muchos chilenismos nunca creí que pudiera ser entendido, gracias y besos!
 
Última edición:
Muy dulce poema, el primero en esta noche qu eleo y es fascinaante
Placer leerte poeta
 
Una muestra de esa sensibilidad personal que algunas personas prescinden de depositar en ellos mismos para que su ombligo no sea tan grande como para devorarles; en cambio, sí que la dejan a espuertas compartida en el sombrero de paja ajeno, en el hatillo de ese personaje... un vagabundo y en el pelo mugriento de ese perro que espera lamiendo sobre una losa el recuerdo de un dueño que no tuvo nada más que el cariño de ese peludo cuatro patas, y una botella de vino que sí le acompañó hasta el fin .. hasta entregar su reloj de pulsera barato a la tierra.

Por querer ser benévolos con la historia y presuponer que le importó en algo el tiempo que pasaba o el que le restaba.

Mi enorme abrazo para ti, Karla.
 
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