Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Estaba yo trabajando en el laboratorio y me dijo mi jefe
- Israel está buscando esposa y le hablé de ti, a él le gustan las mujeres limpias-
Mi jefe era judío e Israel también.
Eran hijos de refugiados de la segunda guerra mundial.
Habían hecho el doctorado juntos en Cambridge, eran uña y mugre.
Israel era un solterón.
Recordé la película: El violinista en el tejado.
Ahora mi jefe se había convertido en un matchmaker.
Sin mi consentimiento me estaba buscando esposo, o le estaba buscando esposa a él.
Hacía años que yo no veía a Israel, él trabajaba en otra institución.
Yo no buscaba pareja, vivía deprimida, con la libido por los suelos.
Solo trabajaba para sacar a mis hijos adelante.
Lo que más me molestó de su propuesta fue eso de que a él le gustaban las mujeres limpias.
Limpia en que sentido:
Limpia de mente, o sea ¿moralmente aceptable?.
Limpia de cuerpo, ¿qué me bañara diario?
¿Qué tuviera la casa limpia?
Más que una propuesta matrimonial parecía que me proponía un trabajo de servidora…
Mi jefe se creía tan dueño de mí que hasta me ofrecía como esposa a un amigo.
Me dolió esa propuesta matrimonial que no provenía del novio.
Me volví de piedra.
La limpieza se convirtió en un fantasma que me perseguía.
Lavarlo todo,
a fondo,
no dejar resquicio sucio,
blancura.
Brillar de limpio.
Mente limpia,
amor sin mácula.
Manchas erradicadas como:
la frustración,
la desilusión,
la desesperanza,
la tristeza,
la pérdida de confianza en los hombres.
La limpieza como cualidad máxima de valor absoluto.
Israel nunca vino a verme, en caridad de Dios.
- Israel está buscando esposa y le hablé de ti, a él le gustan las mujeres limpias-
Mi jefe era judío e Israel también.
Eran hijos de refugiados de la segunda guerra mundial.
Habían hecho el doctorado juntos en Cambridge, eran uña y mugre.
Israel era un solterón.
Recordé la película: El violinista en el tejado.
Ahora mi jefe se había convertido en un matchmaker.
Sin mi consentimiento me estaba buscando esposo, o le estaba buscando esposa a él.
Hacía años que yo no veía a Israel, él trabajaba en otra institución.
Yo no buscaba pareja, vivía deprimida, con la libido por los suelos.
Solo trabajaba para sacar a mis hijos adelante.
Lo que más me molestó de su propuesta fue eso de que a él le gustaban las mujeres limpias.
Limpia en que sentido:
Limpia de mente, o sea ¿moralmente aceptable?.
Limpia de cuerpo, ¿qué me bañara diario?
¿Qué tuviera la casa limpia?
Más que una propuesta matrimonial parecía que me proponía un trabajo de servidora…
Mi jefe se creía tan dueño de mí que hasta me ofrecía como esposa a un amigo.
Me dolió esa propuesta matrimonial que no provenía del novio.
Me volví de piedra.
La limpieza se convirtió en un fantasma que me perseguía.
Lavarlo todo,
a fondo,
no dejar resquicio sucio,
blancura.
Brillar de limpio.
Mente limpia,
amor sin mácula.
Manchas erradicadas como:
la frustración,
la desilusión,
la desesperanza,
la tristeza,
la pérdida de confianza en los hombres.
La limpieza como cualidad máxima de valor absoluto.
Israel nunca vino a verme, en caridad de Dios.
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