Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como el canto de ángeles eternos,
tus gemidos florecieron en mi alcoba
en tarde de abril, tarde de ensueño.
Entre mis sabanas ocultas.
Fueron dos, fueron más horas infinitas y cortas,
horas de placer y temblor temeroso,
fue tiempo dormido, tiempo impetuoso,
como tormenta y calma.
Fueron tus labios durmiendo en los míos,
tu cuerpo en mi cuerpo eclipse eterno, perfecto.
Tus manos mansas palomas,
tu cuerpo animal salvaje,
fue el mar dormido, olas amenazantes,
yo isla desierta como estrella que muere y nace.
Tu mortal, yo mortal ocultos en paraíso celeste
detrás de un mundo falso
de un mundo de placer infinito.
tus gemidos florecieron en mi alcoba
en tarde de abril, tarde de ensueño.
Entre mis sabanas ocultas.
Fueron dos, fueron más horas infinitas y cortas,
horas de placer y temblor temeroso,
fue tiempo dormido, tiempo impetuoso,
como tormenta y calma.
Fueron tus labios durmiendo en los míos,
tu cuerpo en mi cuerpo eclipse eterno, perfecto.
Tus manos mansas palomas,
tu cuerpo animal salvaje,
fue el mar dormido, olas amenazantes,
yo isla desierta como estrella que muere y nace.
Tu mortal, yo mortal ocultos en paraíso celeste
detrás de un mundo falso
de un mundo de placer infinito.
Leonardo V.