Letras viejas 3. (El silencio tras de ti)

NiñoNube

Poeta asiduo al portal
Te sueño.
Te pienso.
Te siento aquí.
Tan cerca de mí.
A pesar del tiempo y la distancia.
Hablo de ti con el silencio.
Le cuento lo mucho que te añoran mis brazos.
Le hablo de tu aroma.
Del sabor de tu boca.
Del sonido de tu voz.
Le hablo de lo suave que es tu piel.
Del calor.
De esos días en los que estabas aquí.
Me asomo a los espacios vacíos
y en toda esa nada te encuentras tú.
Que hermosos los días,
cuando tu risa iluminaba las sombras,
saltando de habitación en habitación.
¿Sabes?
La oscuridad regreso,
en cuanto la puerta se cerró tras de ti.
Yo corrí a abrir las ventanas
para dejar entrar la luz.
Y me senté en un rincón.
Te fuiste como llegaste.
Sin avisar.
Sin decir nada.
Tu mirada decía, “adiós”.
La mía, no te “vayas”.
Me quedé escuchando tus tacones alejándose por el pasillo.
Como el toque de tambor
que acompaña a los condenados
al patíbulo.
La tristeza en las tripas.
Un,”vuelve”
atravesado en la garganta.
Y al fin, este silencio.
Ahora hablo con él
y le cuento de ti.
Le cuento que te sueño,
te pienso
y te siento aún aquí.
Tan cerca de mí.
A pesar del tiempo y la distancia...
 
Te sueño.
Te pienso.
Te siento aquí.
Tan cerca de mí.
A pesar del tiempo y la distancia.
Hablo de ti con el silencio.
Le cuento lo mucho que te añoran mis brazos.
Le hablo de tu aroma.
Del sabor de tu boca.
Del sonido de tu voz.
Le hablo de lo suave que es tu piel.
Del calor.
De esos días en los que estabas aquí.
Me asomo a los espacios vacíos
y en toda esa nada te encuentras tú.
Que hermosos los días,
cuando tu risa iluminaba las sombras,
saltando de habitación en habitación.
¿Sabes?
La oscuridad regreso,
en cuanto la puerta se cerró tras de ti.
Yo corrí a abrir las ventanas
para dejar entrar la luz.
Y me senté en un rincón.
Te fuiste como llegaste.
Sin avisar.
Sin decir nada.
Tu mirada decía, “adiós”.
La mía, no te “vayas”.
Me quedé escuchando tus tacones alejándose por el pasillo.
Como el toque de tambor
que acompaña a los condenados
al patíbulo.
La tristeza en las tripas.
Un,”vuelve”
atravesado en la garganta.
Y al fin, este silencio.
Ahora hablo con él
y le cuento de ti.
Le cuento que te sueño,
te pienso
y te siento aún aquí.
Tan cerca de mí.
A pesar del tiempo y la distancia...

El silencio siempre nos escucha fiel.
Es ése perro ó gato enroscado a nuestros pies.
Está ahí esperándo nuestro sufrimiento ó llanto.
Acompañándonos.

Querido dulce amor:
Éstas letras viejas rescatadas de tu viejo armario son como ésas chaquetas que nunca pasan de moda.
Cualquier ojo que las sobrevuele puede identificarse con ellas.
 

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