Leyenda de una Argentina

Pasajero de barro

Poeta recién llegado
Nosotros somos los molinos
día a día convertimos el grano en harina
con la fuerza imperiosa del viento
azotando nuestras aspas cansadas.
Pero ahora nos atacan los perezosos
porque el relato oficial es que somos gigantes
aquellos convencidos de que algo les debemos
aquellos, que es cierto, alguna vez sufrieron el hambre
e injustamente fueron rescatados
sin detenerse a separar inocentes de culpables
comparten hoy la suerte de todos
ladrones dados por justos en la tierra de los ladrones.

En esta tierra nuevamente hay quien trabaja y quien reprime
hay quien enfrenta la oscuridad muerto de miedo
hay quien reclama desde el metal que esgrime
avivados por el fuego de las voces de los gobernantes
que utilizan las palabras como golpes de puño
padres violentos de una violenta Argentina
la reina del plata que a la plata se vuelca
con una sed conquistadora e ibérica
de hallar para ellos las tierras más altas
para elevar sus pies por encima de las aguas turbias.

Y la valentía que algún día festejamos
que llegó como la brisa fresca y agónica en un seco día de verano
resultó no ser más que espejitos brillantes y baratijas de colores.
Para ese entonces no tenían aun la fuerza necesaria
para retener para si los cuatro elementos.
Nos sedujeron entonces con voces en cuello
trajeron hasta nosotros artistas y pensadores
prometieron la guerra a los poderes económicos
que no era más que la toma para sí de los poderes.

Luego repartieron el pan entre los que eran amigos.
Luego insultaron a los que pensaron distinto.
Luego trajeron la mentira para negar la existencia de todo aquello que veíamos.
Repartieron pequeñeces entre los pobres y los indígenas
se quedaron ellos con la mejor parte.
Padres avaros de una avara Argentina
se acabaron uno a uno los árboles que protegían del cielo a la tierra.
El agua entonces lo cubrió todo.
Invadió los campos y las ciudades
nos quitó todo lo que habíamos logrado.

Pudo llegar a ser la Reina Roja tan vanidosa y egocéntrica
que pretendió comprar a quien la siguiera y pretendió hundir a quien se le negara.
Y fue tal la impunidad que los cobijaba
que irrumpieron con su mugre las escuelas
que irrumpieron con su odio los estadios
Nos juraron que si no eran ellos eternamente
la suerte se nos haría caprichosamente a un lado.

¿Como pudimos ser tan inexactos si no eran otra cosa que los mismos?
Si el padre de los usurpadores se sienta a su mesa.
Como podemos ser víctimas de tanta mala memoria
que de tan solo nombrar a los muertos nuestra ira se aplaque.
Pero es que en ese entonces permanecimos ciegos,
ciegos de violencia contra un enemigo
que era enemigo pero no era tan alto
ni era tan necesaria la guerra al lobo
mientras la aldea era consumida por las llamas.
Sin embargo nosotros justificábamos una a una sus violencias
mientras bajaban los locales las persianas,
mientras iban ocupando los puestos de importancia,
mientras usurpaban la propiedad de las ideas,
mientras callaban,
mientras se ocultaban de la prensa.

Entonces en el tiempo de la cosecha
nuestros jóvenes, las semillas que habíamos plantado,
tuvieron que elegir alistarse o irse de extranjeros a tierras lejanas
donde nunca dejarán de ser extranjeros.
Malditos por las ruinas de una Argentina
que permanece hechizada por el resplandor de los fuegos de artificio.

Nos prometieron una nueva Argentina
Pero solo consiguieron la paz con la moneda
y lamentablemente, hermano,
la moneda se acaba.
 
Última edición:
Nosotros somos los molinos
día a día convertimos el grano en harina
con la fuerza imperiosa del viento
azotando nuestras aspas cansadas.
Pero ahora nos atacan los perezosos
porque el relato oficial es que somos gigantes
aquellos convencidos de que algo les debemos
aquellos, que es cierto, alguna vez sufrieron el hambre
e injustamente fueron rescatados
sin detenerse a separar inocentes de culpables
comparten hoy la suerte de todos
ladrones dados por justos en la tierra de los ladrones.

En esta tierra nuevamente hay quien trabaja y quien reprime
hay quien enfrenta la oscuridad muerto de miedo
hay quien reclama desde el metal que esgrime
avivados por el fuego de las voces de los gobernantes
que utilizan las palabras como golpes de puño
padres violentos de una violenta Argentina
la reina del plata que a la plata se vuelca
con una sed conquistadora e ibérica
de hallar para ellos las tierras más altas
para elevar sus pies por encima de las aguas turbias.

Y la valentía que algún día festejamos
que llegó como la brisa fresca y agónica en un seco día de verano
resultó no ser más que espejitos brillantes y baratijas de colores.
Para ese entonces no tenían aun la fuerza necesaria
para retener para si los cuatro elementos.
Nos sedujeron entonces con voces en cuello
trajeron hasta nosotros artistas y pensadores
prometieron la guerra a los poderes económicos
que no era más que la toma para sí de los poderes.

Luego repartieron el pan entre los que eran amigos.
Luego insultaron a los que pensaron distinto.
Luego trajeron la mentira para negar la existencia de todo aquello que veíamos.
Repartieron pequeñeces entre los pobres y los indígenas
se quedaron ellos con la mejor parte.
Padres avaros de una avara Argentina
se acabaron uno a uno los árboles que protegían del cielo a la tierra.
El agua entonces lo cubrió todo.
Invadió los campos y las ciudades
nos quitó todo lo que habíamos logrado.

Pudo llegar a ser la Reina Roja tan vanidosa y egocéntrica
que pretendió comprar a quien la siguiera y pretendió hundir a quien se le negara.
Y fue tal la impunidad que los cobijaba
que irrumpieron con su mugre las escuelas
que irrumpieron con su odio los estadios
Nos juraron que si no eran ellos eternamente
la suerte se nos haría caprichosamente a un lado.

¿Como pudimos ser tan inexactos si no eran otra cosa que los mismos?
Si el padre de los usurpadores se sienta a su mesa.
Como podemos ser víctimas de tanta mala memoria
que de tan solo nombrar a los muertos nuestra ira se aplaque.
Pero es que en ese entonces permanecimos ciegos,
ciegos de violencia contra un enemigo
que era enemigo pero no era tan alto
ni era tan necesaria la guerra al lobo
mientras la aldea era consumida por las llamas.
Sin embargo nosotros justificábamos una a una sus violencias
mientras bajaban los locales las persianas,
mientras iban ocupando los puestos de importancia,
mientras usurpaban la propiedad de las ideas,
mientras callaban,
mientras se ocultaban de la prensa.

Entonces en el tiempo de la cosecha
nuestros jóvenes, las semillas que habíamos plantado,
tuvieron que elegir alistarse o irse de extranjeros a tierras lejanas
donde nunca dejarán de ser extranjeros.
Malditos por las ruinas de una Argentina
que permanece hechizada por el resplandor de los fuegos de artificio.

Nos prometieron una nueva Argentina
Pero solo consiguieron la paz con la moneda
y lamentablemente, hermano,
la moneda se acaba.

interesante la historia, grato leerle y bienvenido, saludos
 
La moneda ya se acabó, la moneda diaria que alimenta el pan diario de un país que como horizonte tiene, el día siguiente de hoy y el mañana veremos, quién proveerá nuestras carencias. Y así vamos, descendiendo escaleras culturales, sociales, como país libre y soberano de tiranías internas, porque somos maestros en maquinar errores recurrentes, cobardes cómodos que optan por el más corrupto, por el más "generoso" y luego escondemos las manos, distrayendo nuestras conciencias con el yo no fui, fue el otro, exitismo argentino, soberbia argentina. Nunca aprenderemos porque los hijos que cuidamos para un futuro están tan contaminados como nosostros a tal extremo que no dudarían en escupirnos en la cara. Se puede cambiar? se puede omitir en el próximo intento de crecer, la cómoda irresponsabilidad que nos proveen los que manipulan al país? No, nada cambiará, seguiremos mordiendo el anzuelo porque la carnada es "gratis", no requiere el mínimo esfuerzo obtenerla. Una pena. Somos argentinos.

Tu historia, si le cambiamos los tiempos, verás que puede ser atemporal en nuestro querido país.

Un abrazo.
 

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