Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tratando de ignorar mi pena
vine bajando a donde menos quería.
Aniquile todo lo que por ti sentía
y derrumbe mis palabras atizando carbones
que yo misma pise.
Fue tu culpa jugar con quien pretendías
seria tu idilio: una noche, otra y otra más
hasta que se desgastaran los amoríos
visitándo tu guarida.
Sabiéndome presa de tu infamia
cargue la propia cruz hasta mi tumba.
Deshice mis mortajas que no me permitían hablar
y lance el grito más ahogado
que nadie pudiera escuchar.
Hablé con ella de tu maldición,
pues mi conciencia (la que tú no tienes)
no me permitía callar.
Al hablar se libro mi peso.
Rodó mi cabeza por el suelo
como la de Juan el Bautista.
Pero la paz que sentí fue mi recompensa.
Déjo entonces ya la carga en ella
que supo perdonar tú osadía.
Pues bien cierto es:
por amor se perdona hasta la vida
Que te acompañen a ti mujer sus mentiras,
sus traiciones y sus bajos deseos.
Si por amor le haz perdonado
prepárate para que lo siga haciendo.