AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
LIBERTAD
Un hechizo armónico ritma en mi alma,
la hechicera de la felicidad sonríe en mi rostro,
y el alba se baña de luz en mi frente.
El destino inclemente, de otros tiempos,
gris y maledicente, me abraza y dice:
_Sed libre hermano, eres dueño de tu historia._
Y por fin la sonrisa de Dios me alcanza y baña de luces.
Y mi espíritu se regocija de la bendición del Señor.
La madrugada de ayer me ofrecía la sonrisa de mi hijo.
Loquillo: en una travesura que solo él entendía
y su retozo, me convertía en el ser humano más feliz.
Lo tomaba en mis brazos y le decía en el oído
_te amo hijo mío, eres el lirio que Dios me dio._
Y sus pequeños brazos abrazaban mi cuello,
como si tuviéramos la danza de la felicidad eterna.
Y jugábamos y nos tirábamos en el césped ,
dando vueltas abrazados y él al igual que yo era feliz
El sueño se acabó con la alarma, pero aun en mi rostro,
permaneció mucho tiempo del día, esa sonrisa,
que me regaló un sueño, y las travesuras de mi hijo.
Augus 16 julio 2009.
Un hechizo armónico ritma en mi alma,
la hechicera de la felicidad sonríe en mi rostro,
y el alba se baña de luz en mi frente.
El destino inclemente, de otros tiempos,
gris y maledicente, me abraza y dice:
_Sed libre hermano, eres dueño de tu historia._
Y por fin la sonrisa de Dios me alcanza y baña de luces.
Y mi espíritu se regocija de la bendición del Señor.
La madrugada de ayer me ofrecía la sonrisa de mi hijo.
Loquillo: en una travesura que solo él entendía
y su retozo, me convertía en el ser humano más feliz.
Lo tomaba en mis brazos y le decía en el oído
_te amo hijo mío, eres el lirio que Dios me dio._
Y sus pequeños brazos abrazaban mi cuello,
como si tuviéramos la danza de la felicidad eterna.
Y jugábamos y nos tirábamos en el césped ,
dando vueltas abrazados y él al igual que yo era feliz
El sueño se acabó con la alarma, pero aun en mi rostro,
permaneció mucho tiempo del día, esa sonrisa,
que me regaló un sueño, y las travesuras de mi hijo.
Augus 16 julio 2009.