si prestabas suficiente atención,
podías ver sobre las cabezas allí en la calle
y entre las paredes grises del recuerdo
un telar de alas sucias abiertas al viento
que llamaban al sol y le prestaban sombra.
donde los gorjeos a lo lejos, tras los techos y las antenas
traían de entre los coches y las motos en las calles estrechas
un palpitante recorrido de las alas abiertas volando hacia lo desconocido.
un silencio extraño era el lienzo por el que circulaban los ruidos sucios
que no destacaban sobre el mismo silencio,
como una muerte estática abrazando el ruido blanco
y de entre todo, un perro ladrando despertó a dos tiernas palomas en un alfeizar
y estas con su vuelo desquiciado y frenético
se llevaron consigo a una docena de palomas
que se llevaron consigo a un centenar
que se llevaron consigo al infinito
y se llevaron al fin al silencio más profundo
(como agradecido, bajo las baldosas mal dispuestas)
cuando el cielo se cubrió de su abanico inmenso de alas sucias como el fuego.
podías ver sobre las cabezas allí en la calle
y entre las paredes grises del recuerdo
un telar de alas sucias abiertas al viento
que llamaban al sol y le prestaban sombra.
donde los gorjeos a lo lejos, tras los techos y las antenas
traían de entre los coches y las motos en las calles estrechas
un palpitante recorrido de las alas abiertas volando hacia lo desconocido.
un silencio extraño era el lienzo por el que circulaban los ruidos sucios
que no destacaban sobre el mismo silencio,
como una muerte estática abrazando el ruido blanco
y de entre todo, un perro ladrando despertó a dos tiernas palomas en un alfeizar
y estas con su vuelo desquiciado y frenético
se llevaron consigo a una docena de palomas
que se llevaron consigo a un centenar
que se llevaron consigo al infinito
y se llevaron al fin al silencio más profundo
(como agradecido, bajo las baldosas mal dispuestas)
cuando el cielo se cubrió de su abanico inmenso de alas sucias como el fuego.