En mi desolada habitación me encuentro... solitario, ahí, recostado cuya cama de metal alimenta mi delirio, cuyas paredes llenas de pobreza se despegan de si mismas, cuyas lamparas de noche no alumbran pero si sombrean, sombrean su ira y comparten su delirio con el mio, comparten su tristeza con la mía, cuya habitación de negros desaires desata, en la habitación de mi realidad; se me cae un libro de la mano, un libro cayo de mi mano, cual libro leía no si antes cayo de mi mano, no si antes sus paginas exhibía, no si antes su corazón entregaba, corazón literario que sin lugar a dudas se aparta muy próximamente al caer de mi mano, y solitario en el suelo de mi habitación, el viento mueve sus paginas, forzando su corazón literario a mostrarse ante todos los objetos de mi habitación, observantes con ojos entusiasmados, observantes cual mis ojos soñadores, porque en mi cama de metal me encuentro sumido en relajación y locura, mirando al gris cielo cual ventana muestra, y un libro me observa desde el suelo, me pide auxilio mientras el viento húmedo y arrecio viola sus paginas, un viento el cual mis lamparas de noche no pueden ver, un aire que se escapa de sátiras miradas de los objetos en mi habitación, cuyos deseosos de observar algo nuevo acechan al libro con esperanza literaria y corazón de papel, anhelando que el viento siga leyendo sus paginas, y el viento que morador de mis pesadillas que observan y siempre observaran las lamparas de sombra, en este vaivén sale de mi cuarto esperanzado de tener otra anécdota diferente.