Aún espera, como un remanso, que agite el agua. Y me dice, ven, porque es semilla que no floreció. Y me dice todavía puedes, estoy aquí, a tu sombra, en el lado oscuro, en la fantasía, en el sueño, en el otro yo que te invita a ser. En la cruz de la memoria solo existe lo ido, no la fugaz idea evanescente, sí la vivencia, las huellas que un día yo marqué en la piel del tiempo. En cada segundo hay una elección implícita que abandona a su suerte no nacida el caudal invisible que se verterá en otro río, por eso mi sangre lleva en su interior la cicatriz de lo que hice, indeleble como un fósil en el mar caduco de los latidos.
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