Josue Guerrero
Poeta recién llegado
Lo que queda cuando el amor se va
no es exactamente la soledad,
sino el eco, que de alguna forma, habla.
Tu voz soltó la última ola en la distancia,
y cuando volteé,
solo quedaban pétalos flotando en el agua.
Me dejaste una taza sin sorbo,
un café humeando tu dulzura,
y el sonido de tus pasos
en las paredes del alma.
Tus peines quedaron sin batallas,
el cajón de tus medias esperando tu aroma,
y la puerta entreabierta,
como una boca sin palabras.
Lo que quedó fue una silla que no mira a nadie,
el calendario arrancado en su mes más triste,
una almohada que huele a invierno.
Y aún así, te espero, amada.
No porque crea que vas a volver,
sino porque sigo aquí,
donde el amor
decidió quedarse quieto,
mirando hacia la nada.
no es exactamente la soledad,
sino el eco, que de alguna forma, habla.
Tu voz soltó la última ola en la distancia,
y cuando volteé,
solo quedaban pétalos flotando en el agua.
Me dejaste una taza sin sorbo,
un café humeando tu dulzura,
y el sonido de tus pasos
en las paredes del alma.
Tus peines quedaron sin batallas,
el cajón de tus medias esperando tu aroma,
y la puerta entreabierta,
como una boca sin palabras.
Lo que quedó fue una silla que no mira a nadie,
el calendario arrancado en su mes más triste,
una almohada que huele a invierno.
Y aún así, te espero, amada.
No porque crea que vas a volver,
sino porque sigo aquí,
donde el amor
decidió quedarse quieto,
mirando hacia la nada.
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