AlejandroCifuente
Poeta recién llegado
Somos una franquicia de libélulas despidiendo una cascada muerta
un cúmulo de barrotes solitarios cuando nunca es pronto
cuando uno busca una palabra muda que sepa escuchar
un viento de metal rodeando la otra cara de la noche
aquellos rostros de silencio que se ahogan entre los umbrales
la portada sonriente de una jaula con forma de pájaro
que libera las hojas de un libro derramado en nuestra tierra.
Y los anhelos se pierden sobre cada ventana del vacío
como queriendo escapar de un presente ubicado en el futuro
de la imposibilidad posible del frío que derrite nuestra cara
de cada pequeño punto donde descansa el universo.
Un gato que se viste de sonámbulo
mientras la mañana le acaricia el lomo.
Y esos ladridos que salen de su boca
se petrifican en las puertas de un placard.
La felicidad es tristeza pugnando
por romper los dedos de una piedra.
un cúmulo de barrotes solitarios cuando nunca es pronto
cuando uno busca una palabra muda que sepa escuchar
un viento de metal rodeando la otra cara de la noche
aquellos rostros de silencio que se ahogan entre los umbrales
la portada sonriente de una jaula con forma de pájaro
que libera las hojas de un libro derramado en nuestra tierra.
Y los anhelos se pierden sobre cada ventana del vacío
como queriendo escapar de un presente ubicado en el futuro
de la imposibilidad posible del frío que derrite nuestra cara
de cada pequeño punto donde descansa el universo.
Un gato que se viste de sonámbulo
mientras la mañana le acaricia el lomo.
Y esos ladridos que salen de su boca
se petrifican en las puertas de un placard.
La felicidad es tristeza pugnando
por romper los dedos de una piedra.
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