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¡Quieren oír de los duendes, bien, les hablaré de los duendes! Maestros en rapiña y pillerias, habitan a borbotones en las celdas grises de la conciencia, condenados por sus innumerables disturbios. la ética y la razón los castigan todo el tiempo acallando sus engaños Pero, a pesar del resguardo severo son liberados basta que uno solo de ellos escape para que empiece el desmán procediendo a multiplicarse en un baile de embriaguez ´ para tomar el absoluto control de tu mente Los transeúntes nunca logran notarlos. Pero están ahí en el graffiti plasmado en un muro público en aquel tapping extasiado que legó una noche frenética en las visiones proféticas de William Blake, en los zapatos cantores de Vincent Van Gogh. Ellos constituyen esa fuerza destructiva que daña la psiquis de las personas. su servicio tarde o temprano conduce a la muerte. Pueden observar las obras creadas alrededor de su culto su firma es la decadencia y la locura.
¡Quieren oír de los duendes, bien, les hablaré de los duendes!
Maestros en rapiña y pillerias,
habitan a borbotones en las celdas grises de la conciencia,
condenados por sus innumerables disturbios.
la ética y la razón los castigan todo el tiempo acallando sus engaños
Pero, a pesar del resguardo severo son liberados
basta que uno solo de ellos escape para que empiece el desmán
procediendo a multiplicarse en un baile de embriaguez ´
para tomar el absoluto control de tu mente
Los transeúntes nunca logran notarlos. Pero están ahí
en el graffiti plasmado en un muro público
en aquel tapping extasiado que legó una noche frenética
en las visiones proféticas de William Blake,
en los zapatos cantores de Vincent Van Gogh.
Ellos constituyen esa fuerza destructiva que daña la psiquis de las personas.
su servicio tarde o temprano conduce a la muerte.
Pueden observar las obras creadas alrededor de su culto
su firma es la decadencia y la locura.