tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay sitios de un enigma
son los espacios del silencio.
Cómplices de miradas inoportunas, moderadas, inesperadas, conviviendo en micro alquimias de unos pocos segundos.
Me invitan a orbitar con mi entorno.
Esos minutos de mi vida en los que se disparan movimientos maratónicos, tan siniestros y obsesivos. Seguramente serán la puerta de mis pensamientos más insanos, más candentes inutilizables tal vez.
Comprendo sin intención al mundo fantástico, con la vorágine tibia de la incertidumbre para así vaporizar las atroces intolerancias que intentarán vampirizar los espacios del silencio.
Este sentimiento inmóvil, cíclico, que gira irreal a mi antojo.
Es tan real, que a veces me abruma.
Me lleva a suelos poco convencionales, allí donde los extremos entremezclan su melaza y provocan migrañas delatando su incomplicidad.
Los espacios del silencio.
Trazan térmicos segmentos de mal tiempo, evitando diagonales de intelecto.
Apasionados interregnos laberínticos de incienso.
Anestesian mi entusiasmo, convirtiéndome en el plato fuerte de mi propio ego- una y otra vez más, mi descarado ser, disponiendo de mí exilio.
Cuando intento escapar de ese silencio cavernario, tutor de buenos y malos discernimientos.
Entonces comprendo, que los espacios del silencio, no son sino otro poco más de mí.
Cómplices de miradas inoportunas, moderadas, inesperadas, conviviendo en micro alquimias de unos pocos segundos.
Me invitan a orbitar con mi entorno.
Esos minutos de mi vida en los que se disparan movimientos maratónicos, tan siniestros y obsesivos. Seguramente serán la puerta de mis pensamientos más insanos, más candentes inutilizables tal vez.
Comprendo sin intención al mundo fantástico, con la vorágine tibia de la incertidumbre para así vaporizar las atroces intolerancias que intentarán vampirizar los espacios del silencio.
Este sentimiento inmóvil, cíclico, que gira irreal a mi antojo.
Es tan real, que a veces me abruma.
Me lleva a suelos poco convencionales, allí donde los extremos entremezclan su melaza y provocan migrañas delatando su incomplicidad.
Los espacios del silencio.
Trazan térmicos segmentos de mal tiempo, evitando diagonales de intelecto.
Apasionados interregnos laberínticos de incienso.
Anestesian mi entusiasmo, convirtiéndome en el plato fuerte de mi propio ego- una y otra vez más, mi descarado ser, disponiendo de mí exilio.
Cuando intento escapar de ese silencio cavernario, tutor de buenos y malos discernimientos.
Entonces comprendo, que los espacios del silencio, no son sino otro poco más de mí.