Fingal
Poeta adicto al portal
Te miro a los ojos
¡y no te atrevas
a no sostenerme la mirada!
En esa cristalinidad serena
compartimos la certeza
de no dejarnos nada oculto,
de conocernos ajenos al tiempo en nuestros sueños,
de ser los únicos que nos llamamos
por nuestros nombres secretos.
La certeza del destino cruzando los labios...
y sus consecuencias.
Sabes que con nadie más
puedes ser tanto tú
estando conmigo.
¿Y de qué te sirve amarnos
como intuyen los poetas
cuando no son suyos los versos?
¿De qué te sirve
si te forjaron
de entrega, deber y sacrificio?
Nunca cambiarás la paz de todos por la tuya.
¿De qué te sirve tu fulgurante fábula de honor
que te libera y te condena?
¿Por qué cuando te grabaron
en la médula de tus integridades
"lo correcto"
y "lo mejor para el mundo"
se olvidaron de ti?
¿Por qué sigues defendiéndolos
si no se defienden ellos mismos?
No podían darte un alma
tan limpia, tan pura y tan noble
y no dejarte también la necesidad de amarnos.
¿Pensaban que no íbamos a encontrarnos?
¿Por qué tienes que ser tú
la verdad que solo será revelada
en las lágrimas que atestigüen tu tormento?
No, no vienes conmigo
sino a dejarme,
a quebrar tu futuro elegido
y con él el mío.
Vienes a dejarme porque no concibes
que tus legítimas alas de libre
rompan tus cadenas de siervo.
Vienes a dejarme
porque mañana serás la luz radiante
que detenga el peor significado de las tinieblas.
¡Maldigo la espada legendaria
que te rinde su empuñadura!
Solo tú y yo sabremos tu miedo inconsolable,
cuánto te duele cada herida,
cada dentellada,
cuánto te mata cada puñalada,
cuánto te quema el veneno insoportable
de cada ultraje que purgas.
¡Márchate ya!
Márchate como si nunca hubieras venido;
márchate
porque mañana defenderás todas las justicias,
menos la tuya y la mía,
y ni siquiera me dejas morir a tu lado.
***
Respira mi aliento,
bebe mi sangre.
No quedará herida
ni cicatriz nociva.
Los miserables humanos
que se apiñan en la injuria de tu mausoleo
tendrán su luz radiante,
indemne,
inextinguible,
hasta que aprendan al menos
el más sutil de tus gestos.
Todo te resucito
menos mi recuerdo.
Aunque sé que si te lo pido
lo dejarás todo y vendrás conmigo,
mientras me abrazo a tu cuerpo dormido,
me repito la misma mentira
que alienta tus latidos,
una y otra vez,
me repito que el mundo te necesita más que yo,
más que tú a mí;
la misma mentira.
Con el sollozo imperdonable de tu renacimiento
y nuestra llave
perdida en el beso que solo juramos
regreso a mi agujero.
Solo seré una sombra en cada rostro humano
para que beses la traidora ilusión
de que te comprenden, te merecen y te aman.
Como yo.
Me repito la misma mentira
y regreso a mi agujero
hasta que vuelva a recomponerte
con las mismas lágrimas que me arrasan;
una y otra vez,
la misma mentira,
tantas veces
que ya empiezo a creérmela.
***
Dicen que los héroes nos abandonaron
pero no es cierto.
Al fin los humanos comprendieron
que no podían elevarse
cargando sacrificios ajenos.
Así, despidieron a sus héroes
con abrazos, besos y regalos.
Entonces una multitud furiosa
quisimos apedrearlos
por tontos y necios.
¡Ay, hijos míos!
Entonces los humanos se marcharon.
Galapagar (Madrid), 24 de agosto de 2015
¡y no te atrevas
a no sostenerme la mirada!
En esa cristalinidad serena
compartimos la certeza
de no dejarnos nada oculto,
de conocernos ajenos al tiempo en nuestros sueños,
de ser los únicos que nos llamamos
por nuestros nombres secretos.
La certeza del destino cruzando los labios...
y sus consecuencias.
Sabes que con nadie más
puedes ser tanto tú
estando conmigo.
¿Y de qué te sirve amarnos
como intuyen los poetas
cuando no son suyos los versos?
¿De qué te sirve
si te forjaron
de entrega, deber y sacrificio?
Nunca cambiarás la paz de todos por la tuya.
¿De qué te sirve tu fulgurante fábula de honor
que te libera y te condena?
¿Por qué cuando te grabaron
en la médula de tus integridades
"lo correcto"
y "lo mejor para el mundo"
se olvidaron de ti?
¿Por qué sigues defendiéndolos
si no se defienden ellos mismos?
No podían darte un alma
tan limpia, tan pura y tan noble
y no dejarte también la necesidad de amarnos.
¿Pensaban que no íbamos a encontrarnos?
¿Por qué tienes que ser tú
la verdad que solo será revelada
en las lágrimas que atestigüen tu tormento?
No, no vienes conmigo
sino a dejarme,
a quebrar tu futuro elegido
y con él el mío.
Vienes a dejarme porque no concibes
que tus legítimas alas de libre
rompan tus cadenas de siervo.
Vienes a dejarme
porque mañana serás la luz radiante
que detenga el peor significado de las tinieblas.
¡Maldigo la espada legendaria
que te rinde su empuñadura!
Solo tú y yo sabremos tu miedo inconsolable,
cuánto te duele cada herida,
cada dentellada,
cuánto te mata cada puñalada,
cuánto te quema el veneno insoportable
de cada ultraje que purgas.
¡Márchate ya!
Márchate como si nunca hubieras venido;
márchate
porque mañana defenderás todas las justicias,
menos la tuya y la mía,
y ni siquiera me dejas morir a tu lado.
***
Respira mi aliento,
bebe mi sangre.
No quedará herida
ni cicatriz nociva.
Los miserables humanos
que se apiñan en la injuria de tu mausoleo
tendrán su luz radiante,
indemne,
inextinguible,
hasta que aprendan al menos
el más sutil de tus gestos.
Todo te resucito
menos mi recuerdo.
Aunque sé que si te lo pido
lo dejarás todo y vendrás conmigo,
mientras me abrazo a tu cuerpo dormido,
me repito la misma mentira
que alienta tus latidos,
una y otra vez,
me repito que el mundo te necesita más que yo,
más que tú a mí;
la misma mentira.
Con el sollozo imperdonable de tu renacimiento
y nuestra llave
perdida en el beso que solo juramos
regreso a mi agujero.
Solo seré una sombra en cada rostro humano
para que beses la traidora ilusión
de que te comprenden, te merecen y te aman.
Como yo.
Me repito la misma mentira
y regreso a mi agujero
hasta que vuelva a recomponerte
con las mismas lágrimas que me arrasan;
una y otra vez,
la misma mentira,
tantas veces
que ya empiezo a creérmela.
***
Dicen que los héroes nos abandonaron
pero no es cierto.
Al fin los humanos comprendieron
que no podían elevarse
cargando sacrificios ajenos.
Así, despidieron a sus héroes
con abrazos, besos y regalos.
Entonces una multitud furiosa
quisimos apedrearlos
por tontos y necios.
¡Ay, hijos míos!
Entonces los humanos se marcharon.
Galapagar (Madrid), 24 de agosto de 2015