Los hijos de Venus

Littera

Poeta asiduo al portal
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Surcan los hijos de Venus
una espaciosa llanura
de linfa incólume y pura
con violenta suavidad,
al tiempo que el Sol arroja
desde su eterna morada
en la bóveda azulada
saetas de claridad.

Primero las alas suaves,
después el lozano cuello
y a la postre el rostro bello
les besa el viento gentil
que un día nace en las cumbres
de las inmobles montañas
y otro muere en las entrañas
de la tierra varonil.

Con voz profunda y vibrante,
entonan los ruiseñores
de sugestivos colores
mil canciones en su honor,
y al admirarlos exhalan
tanto las valientes rosas
como las lises preciosas
vivas fragancias de amor.

Fragancias que se entrecruzan
con los cálidos suspiros
que sin pausas ni respiros
proyecta mi corazón,
aun si cabe más prendado
de la blancura divina
y elegancia peregrina
propias de su condición.
 
Última edición:

Surcan los hijos de Venus
una espaciosa llanura
de linfa incólume y pura
con violenta suavidad,
al tiempo que el Sol arroja
desde su eterna morada
en la bóveda azulada
saetas de claridad.

Primero las alas suaves,
después el lozano cuello
y a la postre el rostro bello
les besa el viento gentil
que un día nace en las cumbres
de las inmobles montañas
y otro muere en las entrañas
de la tierra varonil.

Con voz profunda y vibrante,
entonan los ruiseñores
de sugestivos colores
mil canciones en su honor,
y al admirarlos exhalan
tanto las valientes rosas
como las lises preciosas
vivas fragancias de amor.

Fragancias que se entrecruzan
con los cálidos suspiros
que sin pausas ni respiros
proyecta mi corazón,
aun si cabe más prendado
de la blancura divina
y elegancia peregrina
propias de su condición.



Excelentes tus octavillas italianas, estimado Littera, resaltando la belleza de los hijos de Venus,
tienen mi APTO;
un saludo cordial,
edelabarra
 
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Surcan los hijos de Venus
una espaciosa llanura
de linfa incólume y pura
con violenta suavidad,
al tiempo que el Sol arroja
desde su eterna morada
en la bóveda azulada
saetas de claridad.

Primero las alas suaves,
después el lozano cuello
y a la postre el rostro bello
les besa el viento gentil
que un día nace en las cumbres
de las inmobles montañas
y otro muere en las entrañas
de la tierra varonil.

Con voz profunda y vibrante,
entonan los ruiseñores
de sugestivos colores
mil canciones en su honor,
y al admirarlos exhalan
tanto las valientes rosas
como las lises preciosas
vivas fragancias de amor.

Fragancias que se entrecruzan
con los cálidos suspiros
que sin pausas ni respiros
proyecta mi corazón,
aun si cabe más prendado
de la blancura divina
y elegancia peregrina
propias de su condición.



Una belleza esta descriptiva octavillas con sensualidad de la naturaleza.
Felicidades.
 
Hermoso y místico poema.
Me ha encantado.
Un fraternal saludo.

Joel

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Surcan los hijos de Venus
una espaciosa llanura
de linfa incólume y pura
con violenta suavidad,
al tiempo que el Sol arroja
desde su eterna morada
en la bóveda azulada
saetas de claridad.

Primero las alas suaves,
después el lozano cuello
y a la postre el rostro bello
les besa el viento gentil
que un día nace en las cumbres
de las inmobles montañas
y otro muere en las entrañas
de la tierra varonil.

Con voz profunda y vibrante,
entonan los ruiseñores
de sugestivos colores
mil canciones en su honor,
y al admirarlos exhalan
tanto las valientes rosas
como las lises preciosas
vivas fragancias de amor.

Fragancias que se entrecruzan
con los cálidos suspiros
que sin pausas ni respiros
proyecta mi corazón,
aun si cabe más prendado
de la blancura divina
y elegancia peregrina
propias de su condición.

 

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