Imagen nº 11. Agosto
LOS JUGADORES
Como dos mundos extraños,
planetas girando alrededor
del negro sol de la noche.
Como un silencio fruncido
sobre el remedo de suerte
que se trata de imponer
a la suerte inexorable del destino.
La vida arde en las nieblas
sólo rotas por las miradas furtivas
que navegan errabundas
en busca de un norte inexistente.
Interior rumoroso,
vibración de espejos
como alas de ángeles negros.
El azar de los divinos griegos
buscado en las grasientas víctimas
de hecatombes sin grandeza,
simples cartones o vísceras iluminadas.
La sutil línea de la vida
entretejida con los trágicos dibujos
del alcohol y la noche antigua.
Otoños delirantes ansían
la posesión del instante.
Jugadores mudos y ciegos
trasiegan las caricias embotadas
desde la piel mancillada de los naipes
hasta la suntuosa vestal del verde líquido.
Saben que está allí, la Deseada.
Saben que nunca se ofrece
a las miradas más limpias.
La suerte requiere afán de engaño
y una cierta dosis de tristeza.
Envueltos como crisálidas
en el ovillo creciente del olvido
los jugadores son imagen
de la muerte diferida,
del doloroso final en un acto
entre tristes bambalinas.