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Los Militantes del Silencio

Tema en 'Prosa: Generales' comenzado por Sikus, 30 de Noviembre de 2019. Respuestas: 3 | Visitas: 96

  1. Sikus

    Sikus Hulussi_Ñe'êpoty®

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    Los Militantes del Silencio



    No recuerdo en qué año fue que me llegó la primer invitación de porcelana envuelta en papel de arroz.

    Aquella vez no acepté, no fui, no me entusiasmaban las invitaciones ni los espectáculos y menos si era en lugares lejanos. Pero hace un par de semanas volví a recibir otra igual. Y esta vez acepté no sé por qué.

    Provenía de la "Ciudad del silencio, al otro lado del río"

    Por un momento pensé ¿de qué río? Si aquí no hay ningún río, en medio de mi ciudad.

    Así que me fijé en un mapa que tenía debajo de la cama, medio estropeado y bueno, en efecto se veía un río a unos quinientos cincuenta kilómetros aproximadamente y pasando, había una ciudad. Pero esa ciudad yo creía que estaba abandonada. Según los libros de historia en el primer siglo, la inundación se supone que había arrasado con todo y nunca había vuelto la gente evacuada... eso debieran ser solamente ruinas de una civilización desaparecida. Bueno, pero parece que ahora sí está habitada. Se ve que los descendientes habrían reconstruido el hogar de sus ancestros, luego de casi dos milenios.

    En fin, es una invitación para mí, no sé de quien será pero puede ser una oportunidad interesante para ver qué ocurre al otro lado del río. En toda mi vida no he salido del país. Ya es hora de hacer algún viaje al exterior por corto que sea.

    La invitación decía así:

    "Eres especialmente bienvenido al desconcierto de los Militantes del Silencio. En el teatro perdido de la mirada del mundo; ese mundo que cree que somos sólo un montónde ruinas.
    Destocará su antiviolín el Silenciador Stevens, apodado "el barbudo sin orejas"

    Silent Street 555, Ciudad del Silencio."

    Ahhhh, pero mira, la invitación es para un ¿desconcierto? en un teatro, qué genial, y parece que habrá música... a ver... ahhh, va a... ¿destocar?. Error de typeo sin duda. Pues bien, no importa, yo iré.

    ........

    Seis horas más tarde ya estaba entrando en la ciudad...
    No sé ni como llegué, solo recuerdo haber cruzado el río por una balsa de un material similar a huesos humanos.
    Curioso y original.

    Parece que toda la ciudad duerme, me dije. Debe ser la hora de la siesta por aquí.

    En la puerta del teatro, un cartel digital decía:

    "Terminantemente prohibido expresar emociones a no ser por medio de señas o lágrimas. Si siente miedo relájese y déjese llevar por los acordes del silencio. Si necesita toser, estornudar o hacer algún sonido de una frecuencia mayor a cincuenta hertz solicite la contraseña para dirigirse a la sala blindada."

    Bueno, pensé, debe ser la promoción o presentación del show. Sin duda estará divertidísimo. Y entré.

    Atardecía.

    Se apagaron las luces. Pero no como suele suceder en los recitales normales, donde quedan los reflectores azules, verdes y rojos para ambientar rítmicamente junto con los vapores coloridos de las máquinas. Allí había absoluta oscuridad.

    Sólo se sentía el sonido lejano de los vehículos en la calle y el cantar de los últimos pájaros en los árboles de la vereda dando su saludo otoñal a un sol que se ocultaba apresurado.

    Subió con dificultad un anciano sin orejas al escenario con una barba hasta las rodillas y sacó un viejo violín, sin cuerdas. Ese debía ser Stevens, con su antiviolín. Por el aspecto, este hombre parecía tener al menos unos trescientos años.
    Sacó también su arco sin crin de yegua, como suele llevar y cerrando los ojos comenzó a deslizarlo sobre el diapasón pero sin hacer contacto. Movía los dedos de su mano izquierda con gran destreza... pero nada se oía.

    No había aplausos. No había clamores ni silbidos ni gritos. Ni voces ni susurros.
    La gente se ponía de pie, sigilosamente, hacían reverencias tapándose la boca con ambas manos y las lágrimas de emoción caían hasta el piso de madera lustrada.

    Me empecé a preguntar qué clase de función sería eso. No sabía si la actuación era en el escenario o el público que ocupaba las butacas de goma.

    Miré a un veterano que tenía a mi derecha y le pregunté bajito y burlonamente cómo se llamaba la obra. Me dirigió una mirada odiosa, como para asesinarme. Todos se volvieron silenciosa y lentamente en sus butacas y me lanzaron miradas indignadas, tapándose los oídos.
    Se me acercó inmediatamente un uniformado y me mostró una tarjeta brillante que decía: al próximo sonido que emita, será retirado del espectáculo a la bóveda del silencio.

    Entonces pensé que de verdad esto era muy loco. Me pellizqué para ver si me había dormido... pero no. Aunque no estoy seguro de haberme pellizcado de verdad. Realmente me estaba entrando miedo.

    Reinaba un silencio... ¿Sepulcral? No, no, aún en los sepulcros, en los panteones, habría mucho más sonido que en aquella sala del teatro principal.
    El hombre de la barba siguió tocando o haciendo que tocaba o... ¿destocando? Ahhh, ahora captaba la idea. Cada vez que movía su arco sobre el violín, como por medio de un hechizo, se iban apagando los sonidos.
    Ya no se oían los coches en la calle. Ya no se sentían piar los pájaros. Solo se sentía la respiración del público. Más tarde ya no, también se apagaron los sonidos respiratorios. Ahora sólo se oían los latidos del corazón de cada persona... y luego... nada.
    La gente ya no estaba de pie, sino sentada, como en un trance profundo.
    Pensé en un principio que a lo mejor era alguna nueva corriente de terapia oriental... alguna variante del yoga o vaya uno a saber qué.
    Sus rostros se veían felices pero en forma estática. Como si hubieran quedado congelados de pronto. Me pareció sentir un frío en el aire... Se me comenzaron a dormir los pies y a entumecer el entendimiento.

    Cuando vi y experimenté esto, salí sigiloso pero lo más rápido que pude de aquel lugar y apenas estuve en la calle, me di a correr sin rumbo. Lo último que recordaba haber visto al volver la mirada, era toda aquella extraña gente ya no en las butacas, sino de pie, caminando hacia la puerta, mirándome fijamente.

    Había andado tres cuadras cuando veo un montón de personas, lo cual parecía una manifestación. Todos iban descalzos y vestían de marrón, vestidos largos hasta los pies. Llevaban banderas con pentagramas musicales pero donde en vez de notas solamente figuraban los silencios. Serían unas ciento veinte personas.

    Me acerqué y no me atreví a hablar, por miedo, pero me ganó la curiosidad y le hice señas a uno para que me explicase.
    Como mi atuendo era tan diferente se dio cuenta de que yo era un forastero y entonces me llamó con la mano y me hizo señas para entrar a una especie de cabina de teléfono público, de aquellas que habían antes por todas partes.

    La cabina era toda de goma, herméticamente blindada.
    Pensé que aquella persona me hablaría, pero no. Solamente me entregó un folleto en letra verde luminosa, que decía así:

    ........

    Diez años atrás...

    "Todo llegó a su punto culminante aquel día temido pero esperado. Cuando las fábricas, los vehículos, las máquinas, las conversaciones y toda comunicación sonora llegó a su máximo nivel de decibelios y frecuencia tolerados por el tímpano humano. Cuando la frecuencia de las ondas sonoras que hacía ya años que había dejado el standard de cuatrocientos treinta y dos y se estableció la convención mundial del "cuatro cuarenta"(en el año 1939) las cosas comenzaron a andar mal. Pero no quedó ahí sino que empeoró más aún. Más tarde la convención estableció el quinientos cincuenta. Luego pasó a ocho mil. Ya a los dos años llegamos a afinar los instrumentos musicales en frecuencias superiores a dieciséis mil hertz, o sea que llegamos al ultrasonido.
    Pensamos que estábamos preparados. Pero no.
    Una tercera parte de la sociedad quedó sorda definitivamente. Los otros dos tercios, uno se juramentó no volver a emitir sonido alguno y vivir en perpetuo silencio hasta la irremediable muerte.
    Esto le da sentido y razón de ser y actuar a "Los Militantes del Silencio".

    ........

    Hasta la llegada de la afinación del "La" en cuatro cuarenta, lo conocía todo. Había leído sobre aquel nazi (que no quiero ni siquiera nombrar) que lo implementó. Lo demás me sonaba a invento.

    Aunque un invento razonable, por cierto.

    Lo único que había visto alguna vez que usara ultrasonido era el equipo de ecocardiografía.



    Todo lo estaba viviendo como en un sueño (aunque ya me había hecho la famosa prueba del pellizco, pensaba que tal vez hasta dormido uno pueda soñar que se pellizca)

    Volviendo en mí, volví a mirar a aquel misterioso personaje que tenía enfrente y me atreví a hablarle.

    —¿Y el otro tercio? —pregunté bajito y tembloroso

    Por primera vez habló el hombre con voz muy lenta y grave, sin mover los labios, como si no estuviera allí, como si su voz proviniera del centro de la tierra:

    — El último tercio fue más creativo y decidió disfrutar del silencio, experimentarlo, ahondar en sus profundidades, conocer sus... "sonidos"... habrá que escuchar... o sea, callar, o como se dice en estas regiones: Silenciar. Bueno, pues aquí te presento entonces al más grande silenciador de todos los tiempo—

    y me mostró una foto del hombre de la barba hasta las rodillas y el violín...
    luego prosiguió:

    —Uno de los grandes problemas fue que el tercio de humanidad que perdió la audición, siguió haciendo mucho ruido y toda clase de sonidos sin mayores preocupaciones. Los otros (los del juramento) se aislaron hasta que murieron. Y estos últimos, nosotros, los amantes del silencio creativo, comenzamos a diseñar instrumentos desmusicalizadores, silenciadores, etc. por la simple razón de que el sonido era imposible de evitar. Sin embargo era posible disfrutarlo en forma particular.
    Por tanto se comenzaron a hacer clubes de silencio. En estos clubes nadie hablaba, estaba terminantemente prohibido hacer cualquier clase de sonido o ruido.
    Muy pronto se comenzaron a popularizar los conciertos de silencio que comenzaron a ganar millones de adeptos y fanáticos.
    Sus militantes, caminaban descalzos por las calles, envueltos en banderas de seda con inscripciones de las figuras musicales que simbolizan los silencios de redonda, blanca, negra, etc. como los que has visto hoy. Hacían manifestaciones con las bocas tapadas. Nadie gritaba ni hacía ruido alguno.


    —Muy, pero muy interesante— respondí, mostrándome externamente agradecido y me levanté para marcharme lo más rápido que pude.

    Me ofreció una de sus banderas con silencio de negra, diciendo —por si un día quiere sumarse a la militancia y aunque no lo quiera... pronto e sumará — no la agarré... y nos despedimos.

    Crucé el río en aquella balsa símil hueso y volví a casa. (al menos eso creí)

    ........

    El sábado siguiente me llegó una segunda invitación de porcelana envuelta en papel de arroz.
    No era nada del otro mundo. Ya todos estaban acostumbrados, parece, a los "desconciertos de silencio" y este lo único que tenía de especial era que quien "destocaba" era otro de los más famosos silenciadores, al igual que el anciano de la barba hasta las rodillas y sin orejas. Pero este era un pianista virtuoso sin ojos, e iba a destocar en una fábrica en horario de trabajo.

    Me pareció muy curioso el escenario y fui encantado, no porque percibiera algo especial, sino porque veía que efectivamente había algo mágico (aunque también un poco siniestro) en todo esto... Allá fui.

    ........

    Crucé el río nuevamente y me dirigí a la segunda calle, detrás de la plaza.

    Al cruzar por en medio, me llamó mucho la atención la enemistad radical que se observaba entre las familias de los militantes y las de los sordos, tanto niños como adultos.

    No me gustó eso... pero pensé que es natural en los niños. Pero al ver que madres y padres también lanzaban miradas amenazantes no me gustó nada.
    Pensé para mis adentros: Esto no está bien. Todos los extremos terminan siendo igual de malos. O los ultra ruidosos o los ultra silenciosos... Aquí se necesita otra cosa. Podría ser un concierto en baja frecuencia, que pudiera unificar la población... Pero fui al concierto, o desconcierto, o algo así.

    .........

    Entrando a la fábrica me sentí más observado que la primera vez y aunque nadie abrió su boca, sentí dentro mío que un alma ajena a la mía decía:

    —En la tercera ya estarás unido a nosotros como militante.

    Ya comencé con miedo ese segundo desconcierto, pero no sabía por qué no podía rechazar aquellas invitaciones de porcelana. Incluso con la mala experiencia de la primera vez, esta vez sentí mayor seguridad al decidir asistir.

    Ahí estaba una vez más. Esta vez las luces no se apagaron. Era mediodía. Parecía una fábrica dirigida por sordos, por la cantidad abrumadora de ruidos que había allí, provenientes de todas las máquinas.

    Los empleados y los jefes de la fábrica no parecían darse por enterados del desconcierto y trabajaban sin oír y al parecer sin ver nada de lo que yo veía.

    Me pareció muy raro todo aquello pero no tenía voluntad para resistirme. Como si toda decisión contraria se hubiera esfumado de mi mente.

    Aparecieron cientos de butacas de goma y los Militantes del Silencio se sentaron con sus banderas, tapándose la boca y llorando de emoción mientras hacían reverencias en silencio.
    Subió sobre una máquina el anunciante que por medio de una sola seña hizo subir al silenciador. Este hizo una reverencia también y se sentó al piano.
    Comenzó a acariciar las teclas e inmediatamente se apagaron todas las máquinas. Siguió destocando y se apagaron todas las voces. Prosiguió y se apagaron las luces principales. Una vez más y todos los empleados se sentaron en el piso y en las máquinas. Seguía destocando y ya no se sentían los vehículos ni los pájaros, y más tarde cesaron las respiraciones y los latidos del corazón. Todos estaban reclinados hacia atrás en gesto feliz, como en un profundo trance.

    Esta vez también yo experimenté una profunda calma y se me durmió la pierna izquierda y el brazo derecho.

    Mi parte lúcida se estremeció de miedo y una vez más salí corriendo en un pie, arrastrando mi pierna dormida.

    Al hacerlo me volví y vi tanto a los empleados como a los Militantes de pie, mirándome con rostros enfurecidos. Y al Antipianista Silenciador decir entre dientes: "la próxima ya es nuestro"

    Nuevamente me dirigí al río y crucé en la balsa.

    ........

    En ese momento me volví a pellizcar, por mi incredulidad y se iluminó el lugar donde acababa de entrar.
    Vi que aquella no era mi casa ni mi cuarto, sino una sala de hospital y a mi lado había un dispositivo electrónico que he estaba haciendo un electrocardiograma por ultrasonido.
    Me dije "ahhhh, con que ha sido sueño, parece" pero me gustó la idea y como me estaba viniendo sueño otra vez aproveché para escribir esta historia demente que solo mi mente pudo haber engendrado.
    Me llaman otra vez. Si vuelvo, les contaré más. Por ahora dejo esta historia aquí sobre la mesa.

    ........

    Diez horas más tarde. 8:30 am.

    —¡Buenos días, Bruno! Es hora de tu medicina... — nadie respondió

    —¡Doctor, doctor, urgente!
    Se sintieron pasos apresurados por el corredor y al momento se llenó la sala.

    Todos hablaban en términos médicos, tomaban el pulso, que ya no se percibía. Masaje cardíaco... nada. Oxígeno... nada.

    Ya no estaba. Bruno había fallecido.
    Un enfermero dijo —Se ve que ya ha entrado a las regiones del silencio.

    Los médicos se miraban unos a otros, incrédulos. El paciente había ingresado hacía dos semanas por controles de rutina.

    Todo venía bien, menos los sábados que luego del mediodía entraba en un sueño profundo.

    Todos hablaban de lo mismo, unos sobre otros, alzando la voz.

    De repente, una enfermera miró el ecocardiógrafo... recordó que lo había encendido hacía dos semanas y luego se olvidó. Por algún extraño desperfecto quedó encendido todo ese tiempo.
    Entre el espanto y culpabilidad de la enfermera, alguno mencionó que el ultrasonido hubiera afectado la salud del paciente. Algo imposible profesionalmente hablando, pero dado lo curioso del caso...
    Al cabo de un par de minutos uno de los doctores dijo —¿Qué es ese paquete?
    Sobre la cama, había dos paquetes pequeños envueltos en papel de arroz.
    La enfermera los tomó y abrió el primero.
    Era una tablilla de porcelana, donde decía :

    "Hoy será tu visita definitiva. Gracias por unirte a los Militantes del Silencio. Te esperamos donde ya sabes. Hoy en el desconcierto, destocará la jefa principal de los militantes, La que usa campera con capucha y no tiene nariz. Será un desconcierto muy importante. Eres más que bienvenido"

    Abrió el segundo paquete... tenía una pequeña dedicatoria "te la has ganado, bienvenido a la militancia"
    Era una bandera blanca con un pentagrama musical dibujado donde la única figura impresa era un silencio de redonda.

    Mientras trataban de interpretar de dónde y quién le habría traído esa extraña invitación y ese curioso regalo, otro de los enfermeros descubrió sobre la mesa un papel doblado, escrito en letra manuscrita... parecía una carta y por la letra, parecía escrito por la misma mano de Bruno.

    Su encabezamiento decía así:

    "Los Militantes del Silencio"

    Fin.

    ........

    By Hulussi_Ñe'êpoty®
     
    #1
    Última modificación: 2 de Diciembre de 2019
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  2. Cecy B

    Cecy B Hechicera de palabras

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    Desayunando leo tu prosa, de momento voy a dejarte una impresión general en cuanto al tema que me motiva a reflexionar sobre el concepto de silencio.
    Me obligo a ver al silencio como ausencia de ruido, no de sonido.
    No hay mejor "silencio" que el de la mañana con el canto de los pájaros.
    Pienso que la paz está, que llega cuando aprendemos a callar los ruidos.
    Muchas relaciones maravillosas, muchas experiencias valiosas en la vida se malogran por estar llenas de momentos sin armonía, que son caos y desorden de palabras y de personas. Hay gente de puro ruido, y otos seres que son literalmente musicales.
    Decidir cambiar caos por armonía, es militar en un silencio de introspección para descubrir que se debe despertar, y que quien no despierta no aprende.
    Ese es el silencio valioso, un silencio lleno de buenas voces, de dulces voces y canciones del alma.
    El resto de la devolución te lo voy a dejar más adelante, cuando conversemos sobre algunas cuestiones específicas de la trama que te quiero preguntar.
    Me alegra ver tu pluma activa y en líneas largas. es como acordarme de los buenos tiempos en los cuales disfrutaba escribiendo de este lado, cuando tenía esa libertad creativa para imaginar mundos, que a vos te sobra.
    Abrazos y será hasta mi próxima devolución, my friend :)
     
    #2
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  3. Sikus

    Sikus Hulussi_Ñe'êpoty®

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    Buenos días mi querida amiga.
    Tu planteamiento de silencio es bello, el que cualquier alma desea, el que se puede encontrar en medio de un bosque a orillas de un arroyo. El que se puede sentir en el oleaje que revienta contra las rocas del océano. O en el campo. Tu interpretación me encantó y es muy adecuada. Solo que no se explicaría la muerte. En ese aspecto yo también me uniría a los militantes del silencio. Pero yo quise ver la parte extrema.
    El silencio que yo planteo aquí es más dark. Más allá de que es pura ciencia ficción, tiene un aspecto real físico, en cuanto a la analítica de la frecuencia de las vibraciones del sonido. De allí parte la ficción. Tomando a un hombre como ejemplo de alguien que desea huir de los ruidos, lo cual es imposible en el mundo. Entonces es seducido oscuramente por una corriente que busca la ausencia total de sonido. Como hasta el mismo corazón produce sonido, la ausencia total implica detener el corazón. Allí está el engaño de los "Militantes"
    El ser humano tiende a los extremos, porque no sabe disfrutar de lo que el Creador le ha dado, equilibradamente. O se excede en una cosa o en su opuesto. Este es un ejemplo: Así como el carnívoro en oposición al vegano. Aquí es en el ruido, o procurando vencerlo, al fin se vuelve fanático de un silencio que no puede alcanzar, porque su misma alma está ligada, comprometida. Se va al extremo de la ausencia del sonido y termina silenciando su propia esencia.
    Solamente el Diseñador del universo sabe brindarnos el reposo adecuado, en equilibrio, en armonía, aún en medio del ruido del mundo. La paz que el mundo ofrece, por más seductora que parezca, culmina en muerte. Es esa la aplicación, la parte más espiritual del mensaje. Obviamente se podría profundizar muchísimo más en este área, pero son conversaciones más propias para acompañar de mate amargo o "dulce con iuiitos", como dice mi amiga.
    Luego la parte física, como hablábamos ayer, sobre la frecuencia del sonido y su efecto físico, emocional, mental, anímico y espiritual en forma real sobre el ser humano. De ahí tomé las analogías y el argumento aparente.
    O sea que cada visita del hombre, Bruno a estos "desconciertos" son un estado de coma donde experimenta estas sensaciones.
    No explico cada punto para dar lugar a la imaginación del lector, más allá de que algunos puntos sí hubiera sido conveniente citar.
    Finalmente el hombre muere o "es silenciado" definitivamente.
    Los demás detalles son puro relleno para dar vida a la historia.
    También podría verse como aquellas personas que procuran silenciar nuestra voz, nuestro pensamiento, nuestro arte, nuestra fe... etc. O como las feas actitudes de ciertas personas por culpa de quienes hoy mi amiga no escribe en prosa... Esos también son militantes del silencio...
    Con todo, me gustó mucho tu interpretación positiva. Daría cualquier cosa por reducir el ruido del mundo, para escuchar los latidos de la naturaleza. Y eso tiene muchísimas aplicaciones.
    Miles de gracias por tu mirada analítica, por tu ayuda editorial, pero sobre todo por tu compañía en medio de esta zona desértica.
    Un abrazo muy muy grande y seguimos hablando vía Real.
    Hugs and suns foreverrrrrr!!!!
     
    #3
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  4. Cecy B

    Cecy B Hechicera de palabras

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    Gracias por tan extensa y explicativa respuesta. Yo digo que la diversidad de interpretaciones es productiva siempre que sea con intenciones de aportar más ángulos de análisis. Pero creo que debe prevalecer lo que el autor quiso contar.
    En cuanto a la ayuda editorial, cuando apliques los detallitos de pulido, va a brillar más el texto que es realmente profundo.
    Vuelvo a decirte que aproveches la chispa sagrada de la inspiración, que tengas esos ánimos de prosa que yo tuve hasta que.... bueno... lo que importa es que vos sí continúes escribiendo en líneas largas.
    Hugs again y que tu semana sea bendecida en todos los momentos y si es con suns, muuucho mejor :)
     
    #4

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