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Los ojos abiertos de la noche

penabad57

Poeta veterano en el portal
Siempre está ahí, con sus guedejas oscuras esperando la caída

de la luz, madre de las sombras, corazón de la efigie lunar,

negra espiga que alimenta los sueños con su trigo celeste;

señora muda que hace del silencio un ardid donde la vigilia

son dos ojos insomnes que vuelcan sus iris hacia la luz artificial

de los faros marinos, hacia las ventanas donde asoma la frente

del culpable como una herida que deja en el cristal huellas

de un lamento estéril, hacia el solitario vagar del desahuciado

por las calles de la melancolía, hacia el rostro del vividor que visita

las horas en que los relojes son libres, y le tientan y le buscan

con cantos de sirena en sus agujas de plata; dos ojos que no

pueden dormir porque los habita el miedo de no volver a despertar.


 
Siempre está ahí, con sus guedejas oscuras esperando la caída

de la luz, madre de las sombras, corazón de la efigie lunar,

negra espiga que alimenta los sueños con su trigo celeste;

señora muda que hace del silencio un ardid donde la vigilia

son dos ojos insomnes que vuelcan sus iris hacia la luz artificial

de los faros marinos, hacia las ventanas donde asoma la frente

del culpable como una herida que deja en el cristal huellas

de un lamento estéril, hacia el solitario vagar del desahuciado

por las calles de la melancolía, hacia el rostro del vividor que visita

las horas en que los relojes son libres, y le tientan y le buscan

con cantos de sirena en sus agujas de plata; dos ojos que no

pueden dormir porque los habita el miedo de no volver a despertar.

Siempre nos miramos al espejo y a veces queda una triste agonía, en otras renace nuestro ser.

Saludos
 
Siempre está ahí, con sus guedejas oscuras esperando la caída

de la luz, madre de las sombras, corazón de la efigie lunar,

negra espiga que alimenta los sueños con su trigo celeste;

señora muda que hace del silencio un ardid donde la vigilia

son dos ojos insomnes que vuelcan sus iris hacia la luz artificial

de los faros marinos, hacia las ventanas donde asoma la frente

del culpable como una herida que deja en el cristal huellas

de un lamento estéril, hacia el solitario vagar del desahuciado

por las calles de la melancolía, hacia el rostro del vividor que visita

las horas en que los relojes son libres, y le tientan y le buscan

con cantos de sirena en sus agujas de plata; dos ojos que no

pueden dormir porque los habita el miedo de no volver a despertar.


Leer y viajar entre las imágenes de tus letras, es garantía de salir satisfecho de tu obra.
Aplausos y abrazos maestro
 
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