licprof
Poeta fiel al portal
por años concurrì a esos espacios culturales
durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud:
escribìamos y leìamos y comentàbamos todo eso:
se armaban toda clase de discusiones
que continuaban en el bar de la esquina
hasta altas horas de la noche
y en las primeras de la madrugada frìa
màs exactamente hasta que dicho bar cerraba
las sillas patas arriba sobre las mesas
mientras tomàbamos frìas cervezas espumosas
acompañadas de manìes salados
o palitos igualmente salados
habìa mujeres de por medio: yo no tenìa ningùn èxito allì con las bellas
màs suerte tenìa en los bailes de tango
o al menos siempre tenìa a las hermosas
entre mis brazos
mejilla contra mejilla
tomados de la mano
mi brazo en su cintura
o màs bien en el centro exacto de la espalda
mientras la maldita computadora
tiene la mala costumbre
de saltar de golpe
de un verso al otro
o la tecla m a veces no funciona
y suena georges brassens
no recuerdo absolutamente nada de aquellas plàticas
salvo que discutìamos diversas cuestiones literarias:
solo conservo la imagen de nosotros en el bar o pizzerìa
en grandes mesas y nosotros alrededor
y las ladies
no me daban ni 5 de pelota, bolilla
por màs que lo intentara
mediante poemas malìsimos
seguramente, mis escritos no agradaban:
eran demasiado provocadores, demasiado
pseudo vanguardistas:
demasiados juegos de palabras
demasiada poesìa
para sublimes narradores
obnubilados en cortàzar
o anonadados
por saer
muy probablemente, escribìa pèsimamente mal
ya que las preciosas
no me prestaban la menor atenciòn
y siempre se jugaban otras cuestiones
cuestiones de pequeños poderes:
solo tenìa 20 y pico de años
y estudiaba letras en la uba
mientras vendìa diversas mercancìas en las calles
en los comercios del ramo, para ser revendidas
por los mercaderes del templo
somo si no fuera gastòn matìas español
sino una especie de silvio drodman astier
de finales del siglo 20
caminando bajo el sol de la mañana
por las calles de caballito
ademàs, mala señal, yo escribìa manuscritos:
no tenìa ni siquiera màquina de escribir
y fumaba como un escuerzo, un faso atràs del otro:
durante el invierno
solìa engriparme con una facilidad nada recomendable:
me sonaba la nariz durante la lectura de los textos
en los que todos prestaban suma atenciòn
mientras mi pañuelo blanco estaba extremadamente humedecido
por las viscosas sustancias que solìan manar de mi nariz
o contraìa secos catarros imparables
francamente insoportables, hasta para mì
o, en especial, para mì
interrumpiendo la lectura, patològicamente
me encantaba còmo escribìan las chicas: siempre considerè
que escribìan mejor que los hombres:
màs vocabulario
màs lenguaje
màs sutileza
màs belleza, en general, en fin
y en los bailes bailaban mejor
en las escuelas eran las mejores estudiantes
en el deporte ìdem
en todo eran las mejores
con sus grandes sonrisas
y sus grandes y hermosas pupilas
que nos podìan y nos derretìan
literalmente
realmente, merecìan dirigir el mundo
en verdad, merecìan gobernar
la nave del estado
o, por lo menos, como mìnimo,
los humildes talleres literarios
sean de poesìa o narrativa
no obstante, a veces yo hablaba
y las hermosas me observaban con atenciòn
con sus miradas encantadoras
en especial, cuando me vestìa yo de punta en blanco
con mis mejores trajes y tragedias pequeñas:
ahì mataba
entonces venìan al pie
se me obsequiaban gananciosamente
y se quedaban conmigo charlando y sorbiendo algùn jugo reparador
como si se tratara de algùn baile, alguna milonga escondida en la noche
se quedaban a mi lado durante toda la noche
durante años enteros
charlando
encamàndonos
en los antiguos hoteles
o bailando apretados
en los bailes de fines de siglo
y comienzos de milenio
si hasta transcribìan a màquina mis tristes manuscritos
de motu propio
como regalo de cumpleaños
mis pequeños poemas
que solìan plagiar a la pizarnik
malamente
feamente
todo ese pasado no es ahora
màs que una neblina maligna que todo lo cubre
una nieve tòxica altamente
como si se tratara de una famosa historieta
leida hace miles de años
todo està borroneado como un sueño extraño
como una melodìa soñada
que de pronto suena en la radio: el vuelo del moscardòn
de rimsky korsakov
versiòn de osmar maderna
aquel que muriò en un accidente de aviòn
como newbery saint exupery
y tantos otros
poetas
durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud:
escribìamos y leìamos y comentàbamos todo eso:
se armaban toda clase de discusiones
que continuaban en el bar de la esquina
hasta altas horas de la noche
y en las primeras de la madrugada frìa
màs exactamente hasta que dicho bar cerraba
las sillas patas arriba sobre las mesas
mientras tomàbamos frìas cervezas espumosas
acompañadas de manìes salados
o palitos igualmente salados
habìa mujeres de por medio: yo no tenìa ningùn èxito allì con las bellas
màs suerte tenìa en los bailes de tango
o al menos siempre tenìa a las hermosas
entre mis brazos
mejilla contra mejilla
tomados de la mano
mi brazo en su cintura
o màs bien en el centro exacto de la espalda
mientras la maldita computadora
tiene la mala costumbre
de saltar de golpe
de un verso al otro
o la tecla m a veces no funciona
y suena georges brassens
no recuerdo absolutamente nada de aquellas plàticas
salvo que discutìamos diversas cuestiones literarias:
solo conservo la imagen de nosotros en el bar o pizzerìa
en grandes mesas y nosotros alrededor
y las ladies
no me daban ni 5 de pelota, bolilla
por màs que lo intentara
mediante poemas malìsimos
seguramente, mis escritos no agradaban:
eran demasiado provocadores, demasiado
pseudo vanguardistas:
demasiados juegos de palabras
demasiada poesìa
para sublimes narradores
obnubilados en cortàzar
o anonadados
por saer
muy probablemente, escribìa pèsimamente mal
ya que las preciosas
no me prestaban la menor atenciòn
y siempre se jugaban otras cuestiones
cuestiones de pequeños poderes:
solo tenìa 20 y pico de años
y estudiaba letras en la uba
mientras vendìa diversas mercancìas en las calles
en los comercios del ramo, para ser revendidas
por los mercaderes del templo
somo si no fuera gastòn matìas español
sino una especie de silvio drodman astier
de finales del siglo 20
caminando bajo el sol de la mañana
por las calles de caballito
ademàs, mala señal, yo escribìa manuscritos:
no tenìa ni siquiera màquina de escribir
y fumaba como un escuerzo, un faso atràs del otro:
durante el invierno
solìa engriparme con una facilidad nada recomendable:
me sonaba la nariz durante la lectura de los textos
en los que todos prestaban suma atenciòn
mientras mi pañuelo blanco estaba extremadamente humedecido
por las viscosas sustancias que solìan manar de mi nariz
o contraìa secos catarros imparables
francamente insoportables, hasta para mì
o, en especial, para mì
interrumpiendo la lectura, patològicamente
me encantaba còmo escribìan las chicas: siempre considerè
que escribìan mejor que los hombres:
màs vocabulario
màs lenguaje
màs sutileza
màs belleza, en general, en fin
y en los bailes bailaban mejor
en las escuelas eran las mejores estudiantes
en el deporte ìdem
en todo eran las mejores
con sus grandes sonrisas
y sus grandes y hermosas pupilas
que nos podìan y nos derretìan
literalmente
realmente, merecìan dirigir el mundo
en verdad, merecìan gobernar
la nave del estado
o, por lo menos, como mìnimo,
los humildes talleres literarios
sean de poesìa o narrativa
no obstante, a veces yo hablaba
y las hermosas me observaban con atenciòn
con sus miradas encantadoras
en especial, cuando me vestìa yo de punta en blanco
con mis mejores trajes y tragedias pequeñas:
ahì mataba
entonces venìan al pie
se me obsequiaban gananciosamente
y se quedaban conmigo charlando y sorbiendo algùn jugo reparador
como si se tratara de algùn baile, alguna milonga escondida en la noche
se quedaban a mi lado durante toda la noche
durante años enteros
charlando
encamàndonos
en los antiguos hoteles
o bailando apretados
en los bailes de fines de siglo
y comienzos de milenio
si hasta transcribìan a màquina mis tristes manuscritos
de motu propio
como regalo de cumpleaños
mis pequeños poemas
que solìan plagiar a la pizarnik
malamente
feamente
todo ese pasado no es ahora
màs que una neblina maligna que todo lo cubre
una nieve tòxica altamente
como si se tratara de una famosa historieta
leida hace miles de años
todo està borroneado como un sueño extraño
como una melodìa soñada
que de pronto suena en la radio: el vuelo del moscardòn
de rimsky korsakov
versiòn de osmar maderna
aquel que muriò en un accidente de aviòn
como newbery saint exupery
y tantos otros
poetas
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