Los tres sabuesos

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Me llaman loco desde que estoy en este hospital
y tal vez tienen razón,
acá el más cuerdo cree que Dios juega con él a las escondidas
mientras que hay quienes dicen que camina en los pasillos.

Están equivocados... yo charlo con él en las tardes
cuando logro zafarme de la camisa de fuerza que llevo puesta,
cuando me desatan para darme un baño
y tratar de que coma un poco
de esta comida rancia y asquerosa que cocina el chef.

Mis manos son moradas por las cintas que me atan
pero disfruto cuando la presión es tanta
que deja salir un hilo de sangre de mis venas...
sangre... me relamo de placer al verla correr
desearía de ser posible una cuchara para beberla.

Silencio... que viene otra vez esa bruja llamada enfermera,
yo sé que es una bruja, porque la veo escupir en la comida,
la miro echarle esa mirada lasciva al doctor que en la escalera
le hace una radiografía manual a cuerpo completo.

Acá tengo dos amigos: Clarice y Oliver,
Clarice es una mulata que cree que murió en esta misma habitación
y tiene como pasatiempo favorito colgar del cuello
aunque sus ropas han de ser de al menos dos siglos,
y no se ha dado cuenta que no le late el corazón.

Oliver es un chico de unos diez o doce años
que piensa que es un príncipe y pide privilegios,
dice que este edificio fue un hospicio de huérfanos
y que durante el incendio lo dejaron encerrado en el baño
como castigo a sus travesuras.

Oh majestuosa vida, que arrebatas un respiro de mi penitencia,
Oh gran sarcasmo, que ríes conmigo en esta comitiva,
toma estos regalos que te entrego en este momento:
la soga de Clarice, la chica a la que violaste
mientras ella clamaba que acababan los tiempos de la esclavitud,
el osito de Oliver, el chico con el que jugabas
y al que escuchaste incendiarse en este edificio
mientras que los bastardos salieron ilesos,
y mi camisa de fuerza,
que es la mortaja que envolverá mis restos,
tómalos y únelos como señal de tres sabuesos
que nunca olfatearon el aroma de la libertad
pero que son sepultados en la misma mazmorra,
en la misma fecha y con el mismo triste final....
morir sin ser vengados.
 
Última edición:
Me llaman loco desde que estoy en este hospital
y tal vez tienen razón,
acá el más cuerdo cree que Dios juega con él a las escondidas
mientras que hay quienes dicen que camina en los pasillos.

Están equivocados... yo charlo con él en las tardes
cuando logro zafarme de la camisa de fuerza que llevo puesta,
cuando me desatan para darme un baño
y tratar de que coma un poco
de esta comida rancia y asquerosa que cocina el chef.

Mis manos son moradas por las cintas que me atan
pero disfruto cuando la presión es tanta
que deja salir un hilo de sangre de mis venas...
sangre... me relamo de placer al verla correr
desearía de ser posible una cuchara para beberla.

Silencio... que viene otra vez esa bruja llamada enfermera,
yo sé que es una bruja, porque la veo escupir en la comida,
la miro echarle esa mirada lasciva al doctor que en la escalera
le hace una radiografía manual a cuerpo completo.

Acá tengo dos amigos: Clarice y Oliver,
Clarice es una mulata que cree que murió en esta misma habitación
y tiene como pasatiempo favorito colgar del cuello
aunque sus ropas han de ser de al menos dos siglos,
y no se ha dado cuenta que no le late el corazón.

Oliver es un chico de unos diez o doce años
que piensa que es un príncipe y pide privilegios,
dice que este edificio fue un hospicio de huérfanos
y que durante el incendio lo dejaron encerrado en el baño
como castigo a sus travesuras.

Oh majestuosa vida, que arrebatas un respiro de mi penitencia,
Oh gran sarcasmo, que ríes conmigo en esta comitiva,
toma estos regalos que te entrego en este momento:
la soga de Clarice, la chica a la que violaste
mientras ella clamaba que acababan los tiempos de la esclavitud,
el osito de Oliver, el chico con el que jugabas
y al que escuchaste incendiarse en este edificio
mientras que los bastardos salieron ilesos,
y mi camisa de fuerza,
que es la mortaja que envolverá mis restos,
tómalos y únelos como señal de tres sabuesos
que nunca olfatearon el aroma de la libertad
pero que son sepultados en la misma mazmorra,
en la misma fecha y con el mismo triste final....
morir sin ser vengados.

Este poema si que es gótico mi amigo, muy original, en los psiquiátricos si que pasan muchas cosas. Ha sido de mucho agrado leer tan buena retórica, un abrazo, saludos
 
Este poema si que es gótico mi amigo, muy original, en los psiquiátricos si que pasan muchas cosas. Ha sido de mucho agrado leer tan buena retórica, un abrazo, saludos
Muchas gracias Maldonado, no sé ni en qué pensaba mientras lo escribía, visualicé varios finales pero se me extendía mucho el texto. Un placer recibirte.
 
la miro echarle esa mirada lasciva al doctor que en la escalera
le hace una radiografía manual a cuerpo completo.

Eso fue realmente hilarante
este poema tiene de todo.
Es una excelente historia para contar en tinieblas.
Me encanta como presentas al personajes
y lo despides, asemeja un poco al arte cinematografico de lo bien ensamblado que esta.
Me encanto detenerme a leer
por lo que aseguro que permanecere cerca.
Saludos.​
 
Eso fue realmente hilarante
este poema tiene de todo.
Es una excelente historia para contar en tinieblas.
Me encanta como presentas al personajes
y lo despides, asemeja un poco al arte cinematografico de lo bien ensamblado que esta.
Me encanto detenerme a leer
por lo que aseguro que permanecere cerca.
Saludos.​
Me alegra muchísimo que haya sido de tu agrado Princesa, mi esposa cuando lo leyó puso cara como de "seguro este hombre ya se volvió loco", lo que significa que le causó algún sentimiento y eso es lo que busco básicamente cuando escribo. Un placer recibirte.
 
Me llaman loco desde que estoy en este hospital
y tal vez tienen razón,
acá el más cuerdo cree que Dios juega con él a las escondidas
mientras que hay quienes dicen que camina en los pasillos.

Están equivocados... yo charlo con él en las tardes
cuando logro zafarme de la camisa de fuerza que llevo puesta,
cuando me desatan para darme un baño
y tratar de que coma un poco
de esta comida rancia y asquerosa que cocina el chef.

Mis manos son moradas por las cintas que me atan
pero disfruto cuando la presión es tanta
que deja salir un hilo de sangre de mis venas...
sangre... me relamo de placer al verla correr
desearía de ser posible una cuchara para beberla.

Silencio... que viene otra vez esa bruja llamada enfermera,
yo sé que es una bruja, porque la veo escupir en la comida,
la miro echarle esa mirada lasciva al doctor que en la escalera
le hace una radiografía manual a cuerpo completo.

Acá tengo dos amigos: Clarice y Oliver,
Clarice es una mulata que cree que murió en esta misma habitación
y tiene como pasatiempo favorito colgar del cuello
aunque sus ropas han de ser de al menos dos siglos,
y no se ha dado cuenta que no le late el corazón.

Oliver es un chico de unos diez o doce años
que piensa que es un príncipe y pide privilegios,
dice que este edificio fue un hospicio de huérfanos
y que durante el incendio lo dejaron encerrado en el baño
como castigo a sus travesuras.

Oh majestuosa vida, que arrebatas un respiro de mi penitencia,
Oh gran sarcasmo, que ríes conmigo en esta comitiva,
toma estos regalos que te entrego en este momento:
la soga de Clarice, la chica a la que violaste
mientras ella clamaba que acababan los tiempos de la esclavitud,
el osito de Oliver, el chico con el que jugabas
y al que escuchaste incendiarse en este edificio
mientras que los bastardos salieron ilesos,
y mi camisa de fuerza,
que es la mortaja que envolverá mis restos,
tómalos y únelos como señal de tres sabuesos
que nunca olfatearon el aroma de la libertad
pero que son sepultados en la misma mazmorra,
en la misma fecha y con el mismo triste final....
morir sin ser vengados.

Tienes aquí una trama bien tejida, con luces propias y raíces muy profundas, te felicito, tienes la materia propicia para llamarte vate, y estrellas que te llenan de luces. un abrazo.
 

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