Luminosa y fría
la noche habla.
Marca sus horas
con la farola blanca
poniendo rayas de sombras
en la fachada de mi casa.
Escucho su canto de lluvia
entrar por mi ventana,
y me sorprendo observando
las cuentas liquidas
que brillantes
se rompen en el suelo.
Los pensamientos
han huido de mi cabeza,
mis ojos se posan inquietos
en los colores de las casas,
en la luz…
y ausente me sorprendo
enredada en el tiempo.
Solo la necesidad
marca mi ritmo hoy.
Una paz lenta me acompaña;
con ella disfruto cada momento.
Me acarician
las luces del día y de la tarde,
me hablan el ruido y el silencio.
Nunca como hoy
penetraron tan dentro
los esos momentos.
Sin saber como
se desvaneció la lucha de mi corazón
empapándome de serenidad
todo el cuerpo.
la noche habla.
Marca sus horas
con la farola blanca
poniendo rayas de sombras
en la fachada de mi casa.
Escucho su canto de lluvia
entrar por mi ventana,
y me sorprendo observando
las cuentas liquidas
que brillantes
se rompen en el suelo.
Los pensamientos
han huido de mi cabeza,
mis ojos se posan inquietos
en los colores de las casas,
en la luz…
y ausente me sorprendo
enredada en el tiempo.
Solo la necesidad
marca mi ritmo hoy.
Una paz lenta me acompaña;
con ella disfruto cada momento.
Me acarician
las luces del día y de la tarde,
me hablan el ruido y el silencio.
Nunca como hoy
penetraron tan dentro
los esos momentos.
Sin saber como
se desvaneció la lucha de mi corazón
empapándome de serenidad
todo el cuerpo.