Alejandra Correas Vázquez
Poeta recién llegado
Lucha y Vencerás.
RETRATO DE ABRAHAM
fgfgfgfgf[/h][h=2]El hombre que venció a la adversidad.[/h]
Por Alejandra Correas Vázquez
¡Oh Ur !... tu pueblo vaga disperso... ¡Ur!
Eran muertos y no estatuas cubriendo los alrededores Los muros estaban partidos En las altas puertas y caminoshacinábanse los muertos En las calles que antaño reunía al pueblo, en sus festejos reina ahora la desolaciónLos cuerpos cubren calles y caminos Allá en las praderas donde danzabanamontónanse ahora los muertos La sangre llena las acequias como el metal cubre al molde Los cuerpos ahora se disuelven cual manteca expuesta al sol (año 2.006 A. C. tablilla cuneiforme)
1 - PROEMIO
Porque te he puesto por padre
de muchedumbres de gentes.
Lucha y Vencerás.
2 - UR KASHDIM
Ur Kashdim, Ur de los Caldeos, existió. La rescató del tiempo, los escombros y el olvido la eminente labor de Sir Leonnard Woolley, con una paciencia minuciosa a comienzos del siglo XX.. En ella, su nunca olvidada ciudad, colocaron los escribas hebreos su simbólica genealogía (Gen. 11:28). Todos estos pasos pueden ser seguidos históricamente. Los procesos arqueológicos tal como se presentan en los últimos descubrimientos, registran la huella de esta ola emigratoria. Corrían los años posteriores al 2006 A. C. (fecha de la destrucción de Ur) cuando todo el Medio Oriente era una gran llamarada. ¡Los bárbaros han llegado!... Algún día también llegarán a Roma.
Escapándose de los episodios mitológicos puros que encierran los primeros capítulos del Génesis, nos encontramos en Gen. 11:28, con el primer dato histórico que penetra ya, en el terreno de los hechos vivos. Se nos habla allí de la familia de Taré, padre de Abraham, que vive en Ur de los Caldeos o Ur Kashdim y comienza a relatarse a partir de allí en el texto bíblico, una historia doméstica y familiar. Pero lo importante aquí es Ur, la ciudad devastada por los bárbaros cuyo pueblo pasó de sedentario y civilizado a vagar disperso, como dijo el poeta súmero. Una diáspora legítima. Un peregrinaje nómade por todo el Medio Oriente en aquella gran diáspora de los semitas cabezas negras quienes fueron los únicos sobrevivientes caldeos (akadios) ya que el pueblo súmero de ojos azules hace mutis por el foro a partir de ese momento clave. Es exterminado. Son de ellos sin duda los súmeros esos cuerpos yertos y mutilados que cubren las acequias, pues nunca vuelven a reaparecer como raza, como etnia. Aunque trescientos años después Hammurabi se autointitule como rey de Sumer-Akkad en realidad para esa fecha no hay más sumerios y nadie habla ni escribe su dulce lengua. Como miembro del grupo semítico de Caldea (Kashdim), la familia de Abraham hijo de Taré, era de nacionalidad akadia. Esta es su realidad histórica desprendida de todos los intereses políticos que vinieron después, con los nuevos nombres que fueron recibiendo. Aquellos hombres que habitaban en Ur de Caldea y que la Biblia nos entrega en el capitulo 11 del Génesis, son históricamente hijos de Akad, el reino del norte, semítico. El peregrinaje obligado desde el Éufrates, hacia la zona de Palestina (Canaán), impulsados por una dolorosa invasión extranjera a sus lares, les dará con los milenios otra nacionalidad y otro nombre, que todavía por entonces no había nacido.
3 - DIÁSPORA AKADIA En Antigüedades Judías Flavio Josefo nos entrega una biografía mucho más detallada de Abraham que la bíblica, la cual se conecta dando mayor claridad a los hechos, con los sucesos políticos del momento. No es que el texto bíblico deforme ninguno de los hechos, sino que como acontece en la mayor parte de sus crónicas, prefiere olvidarse de detalles precisos, históricamente importantes para nosotros. El esquema que nos presenta el Génesis es excesivamente escueto. El de Josefo amplía muchas cosas. Son importantes los tiempos históricos en los cuales se sitúa la familia de Abraham y su abandono de Ur. Como tantos otros caldeos que emigraron de Mesopotamia frente a la invasión devastadora (con padres, hermanos, mujeres, sobrinos e hijos) exactamente igual que el resto de los mesopotámicos, ellos deben exilarse. Es la realidad cruda y cruel de esta familia patriarca del Génesis, con su asiento histórico original, cuando hace su aparición viviendo en Ur antes del 2.006 a. C. No cabía otra alternativa que dejar atrás el solar natal convertido en ceniza. Su partida inesperada es una consecuencia de la destrucción de Ur y de toda la civilización súmeroakadia, por obra de las feroces hordas indoarias. Las cuales son precivilizadas en su presentación, violenta e inusitada, ante la historia, semejante a los bárbaros que invadirán Roma 2.000 años después. La historia se repite. Pero ellos cambian al entrar en contacto con pueblos civilizados. Tienen la facultad de aprender y aceptan instruirse. Los arios que van a conformar el modelo de civilización moderna de nuestros días, con todos sus éxitos, comienzan por ser salvajes. Su capacidad de evolución será admirable a partir de allí. Hace unas décadas Woolley y Diakonof, mantuvieron una áspera discusión (publicada) sobre si Abraham fuese o no, algo más que un personaje legendario. El positivismo también comete irregularidades, cuando desecha las tradiciones de los pueblos, como valores perimidos. Pero hay algo evidente que no tiene posibilidad de rechazo: todo el peregrinaje de Abraham desde Ur hasta Egipto, es el camino que siguieron históricamente los fugitivos de Mesopotamia a partir del año 2006 a. C, fecha de la destrucción de Ur. Expondremos sus palabras que como excavador de Sumer, llevan una ventaja mayor que las nuestras. Dice Woolley: No sostengo que la tradición hebrea sea impecable, pero estoy convencido que tiene una base histórica. Creo que Abraham es una confluencia de por lo menos dos (o probablemente tres) individuos históricos; aún concediendo esa (muy comprensible) confusión lo probable es que los incidentes relatados sean verídicos en general; algunos de ellos reflejan de hecho las condiciones contemporáneas con tanta exactitud que no pudieron haber sido inventados en una fecha posterior, cuando estas condiciones ya no existían.
(Woolley - UNESCO)
4 -DEPORTACIÓN El texto bíblico sólo recoge el hecho de esta imprevista partida de Ur, pero no las motivaciones. Las calla como callará en muchas otras oportunidades, dejando entrever lo suficiente como para que la arqueología completara el crucigrama. El padre de Abraham Taré recoge a toda su familia y parte de Ur imprevistamente, en Génesis 11:31. Uno de sus hijos Arán ha muerto allí (Gen. 11:31). Según nos dice Flavio Josefo la partida de toda esta familia bíblica, se produce a raíz de la muerte de este querido hijo. La tradición bíblica deja a la vista una sola víctima de aquella depredación con multitud de pérdidas humanas. Esto no cubre el hecho real rescatado modernamente, pero nos deja la señal propia, donde un duelo es suficiente para dejar atrás a esa Ur ahora humeante. Calcinada. Devastada. Sin futuro. Llena de muertos. Como buen escritor clásico Josefo es exacto y racionalista. Aplica la lógica y los simbolismos legendarios toman en él, un cauce explicativo. Al hacerlo nos entrega nuevas fuentes para completar la historia viva. Este miembro que la familia ha perdido, nos dice Josefo, llamado Arán, era un personaje de importancia pública y se le había erigido un monumento Y si algo nos dejó esa bella cultura mesopotámica, son las espléndidas y refinadas esculturas representando a sus mandatarios. Resúltanos entonces de impacto pensar que uno de ellos, una de estas esculturas que hoy llenan museos, puede ser de Arán, en acuerdo a lo que sostiene sin preámbulos Flavio Josefo. Un personaje importante y con monumento, tan caro a esta cultura de Mesopotamia que dio más importancia al hombre que a los dioses en su arte escultórico. Esto es conocerlos bien de cerca. O con precisión. O sea que Arán como dirigente de Ur fue sin duda defensor de su ciudad, muriendo en el sitio de Ur. Semejante a la muerte del rey Pedro II de Aragón defendiendo su ciudad de Toulouse ante las tropas que trajeron desolación y muerte de todos los albigenses. El autor clásico nos dice sin embagues: como Tare (padre de Abram) odiaba a Caldea por la muerte de Aran, todos emigraron. La conexión histórica es evidente. Aquel hermano de Abraham muerto en Ur y célebre en un monumento, personifica la destrucción de Ur y el asesinato de sus gobernantes, tanto como de sus habitantes. Arán fue sin duda un político caldeo, una figura de la dirigencia. Como sucede en todas las conquistas, sea de SumerAkkad, o del Incaísmo, o de las guerras medioevales, es la clase política autóctona la que paga con su vida los derechos del invasor triunfante. Emigran del país arrasado, pero lo llevarán en sus venas como etnia semítica. Mientras que los súmeros en cambio, conviértensen para siempre en una raza extinguida. Flavio Josefo llamará al conjunto de estos caldeos cono nuestros hermanos de allende el Éufrates. Las variaciones religiosas en el siglo primero de nuestra era, no eran para este Fariseo (sacerdote de Judea) de gran importancia, sino la filiación de origen. Llama la atención el exterminio completo del pueblo más antiguo (el súmero) logrado con tanta amplitud. Solo la paciente labor arqueológica descubriría cuatro mil años después, su brillante existencia. Sigamos con Abraham y su etnia salvada: Emigración. Partida de Ur, ciudad en ruinas. El texto bíblico y la historia viva están de acuerdo en este estrecho desfiladero inicial. La diáspora y el progrom han comenzado. El medio oriente se puebla en aquel trágico momento de comunidades cultas y errantes, con un jefe fuerte y patriarcal, que pululan en todos los documentos encontrados. Ahora bien, hasta aquí todo nos resulta de una claridad comprensible. Pero viene un enigma. En el Génesis 11:31, se dice que salió aquella familia de Ur en dirección a Palestina o sea hacia el sur y sin embargo fueron a Harrán que quedaba al norte. Hay una contradicción que encierra un enigma histórico. De lo que parece en sentido figurado, que la brújula o el sentido de orientación de esta comitiva estaba descompuesto : Salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harrán y se quedaron allí. Pero resulta que este camino inverso los llevaba al corazón mismo donde vivía la horda invasora, a su asentamiento, pues los hurritas eran los maloneros invasores arios. En Harrán ellos estaban en la tierra de los depredadores del Medio Oriente, alojamiento que no pudieron elegir a plena voluntad, solamente como prisioneros Por lo mismo si tratamos de ordenar este texto bíblico en función de la historia nos sorprende, con duda y asombro, que un civilizado habitante de Ur como Abraham quien según Flavio Josefo era matemático y astrónomo fama que tenían todos los caldeos en los tiempos clásicos de este autor resolviese emigrar a las tierras donde tenían su campamento los feroces invasores indoarios ¡Imposible que ello fuera por su propia voluntad, como una autoflagelación! Era Harrán desde donde partieron los incendiarios de Ur, sus asesinos, la horda que los dejara sin hogar. La familia de Abraham llegó allí, sin duda, deportada. No hay más que mirar con detenimiento un mapa y ver el largo camino de Ur a Harrán que, según parece, Taré, Abraham y los suyos emprendieron para descender culturalmente ¡Es un capricho por demás extravagante!. Mucho más cerca de una explicación lógica sería que estos patriarcas hubiesen sido llevados allí por la fuerza, como personajes destacados de sus conquistas. Un caso semejante al del mismo Josefo junto a los Flavios, quien de prisionero luego del sitio de Jotapata, pasó a integrar la Gens Flavia cuando la familia Flavia volvióse emperadora de Roma. Para transformarse más tarde en el erudito clásico que el mundo conoce, y además en un hombre muy rico. Es una posibilidad. Ya que en Gen. 12:5 se nos dice que en Harrán ellos habíanse enriquecido. De hecho, los emigrados cuyo padre Taré muere en Harrán, vuelven a emigrar sin explicaciones históricas claras por parte de los escribas hebreos, quienes resuelven todo fácilmente dándole un giro religioso (Gen. 12). Los giros de esta índole no dan claves históricas y nosotros no logramos aclarar, qué hacían todos ellos en Harrán y cómo lograron irse de allí. Dentro de una realidad posible en la historia viva, ellos en la tierra de los invasores sólo pudieron ser deportados a la fuerza, como cautivos. Cualquier akkadio de aquellos tiempos y en aquel lugar, sería allí un prisionero y no un refugiado. Pero de algún modo lograron destacarse entre los bárbaros, mejoró sus situación como sucedió en los cautiverios de Babilonia y Nínive, de modo que viviendo entre los hurritas hicieron dinero. Quizás actuaron como maestros. También los romanos importaban prisioneros griegos como pedagogos y administradores de sus bienes. Uno de ellos fue el filósofo Epitecto. El jefe comunal es en ese momento Taré, la persona diplomática que consigue mejorar la situación de este grupo humano (simbolizado en la Biblia como una sola familia). Incluso allí enriquece. Su muerte trae aparejada la necesidad de una partida inmediata de Harrán. Taré tuvo una actitud fatalista, aceptó al destino adverso, pero no así su hijo Abraham, el rebelde. A la muerte de su padre se niega a continuar en el cautiverio de Harrán, y esto se hace evidente más adelante en el futuro por la lucha que mantendrá en Palestina, contra todos los bárbaros arios, al frente de un ejército..
¡Y comienza una nueva diáspora para los fugitivos!...
5 - ORIENTE ARDIENTE El Génesis bíblico destaca sucesivamente la siguiente síntesis: la partida de Abraham desde Ur hacia el país de los hurritas, luego su salida de allí hacia Palestina (tierra de Canaán), más tarde su llegada a Egipto alojado por el Faraón, y después su regreso a Palestina. A continuación viene un suceso histórico muy importante: su alianza con los reyes de Sodoma y Gomorra en guerra contra Tidal rey de Goim, donde se registra la primera presentación bíblica de los invasores arios, en calidad de tal, con su nombre propio y en acción bélica. Los pasajes bíblicos de Abraham son claves verídicas sobre acontecimientos transcurridos a partir del 2006 a. C. en el Oriente Antiguo. Importan a la historia porque son parte de ella. Podríamos relatar todo esto en función de la arqueología pura, pero si nos valemos del texto bíblico es para señalar el equivalente con la memoria de los antiguos.
¡Oriente Ardiente!
El granizo invernal. La tormenta. La neblina... Tales son sus dioses.
La caza del hombre
6 DIOS MARTE
Este fue el origen de la guerra. Su ingreso en la civilización tuvo el arranque inicial en aquellas bandas salvajes de hiperbóreos que ignoraban hasta las más simples y elementales formas culturales. Ni la agricultura. Ni la industria. Ni la vivienda. Por lo que se desprende de ellos en el estado original que los encontramos, habían vivido hasta entonces en refugios naturales de cuevas, y matando para sobrevivir sin constituir ningún cuerpo de nación. Los últimos bárbaros que fueron los vikingos, explicaron al rey de Francia cuando invadieron Normandía, que eran todos iguales y no tenían jefe. Era un contraste completo con la vida regular, urbana, tal como la entendían en forma cotidiana, sus victimas del Oriente Antiguo. Las deidades únicas que ellos traen son de una pasmosa truculencia. En los hititas (o heteos como les llama la Biblia) su máximo tótem es Nerik, dios hitita de las Tormentas. Y en el Valle del Indo los arios que destruyen Harappa tienen a Indra, el Destructor quien es el gran héroe de esta epopeya hindú (estudiado por Piggot y criticado por él con sumo sarcasmo). El resto del panteón indoario tiene: Neblinas invernales y Granizos árticos. Esa es sin duda su procedencia, lo que nos muestra una vida durísima. Adoptan los carros súmeros de labranza para transformarlos en carros de guerra. Los cuchillos para abrir surcos, para asesinar. Caen sobre la civilización del Antiguo Oriente, como el salvaje malonero ranquel del Cono Sur sudamericano en los siglos XVII, XVIII y XIX, el cual adoptó el caballo y armas de fuego para devastar empresas jesuíticas y ciudades argentinas, a las que hubo posteriormente que reconstruir (Río Cuarto, Pilar...etc.) robando ganado y mujeres cautivas. Procedían a la captura de bienes ajenos transportables (la habitaciones las derrumbaban como dicen los poemas súmeros) y de este modo se posesionaban de seres humanos, objetos y ganadería. Esto es: un robo completo a estas naciones o de lo contrario la muerte total de toda una etnia (súmeros). Se apropiaron también en ciertos casos del panteón de los vencidos, pero en una confusa mezcla según lo analiza Jean Duché. Es así que reconocemos poco a los originales, tal como ellos los transformaban. Superpuestas sobre ese descarnado primitivismo, las estructuras de los orientales oprimidos resultan grotescas e ingenuas. Pero es ya el comienzo de su evolución como pueblo salvaje que intenta transforme en urbano, de lograr su superación. Es el modo como ellos que aún son neolíticos indoarios pueden realizarlo. Son torpes y primitivos, pero hay que reconocer que intentan aprender. Los milenios llevarán a esta etnia aria hacia la cúspide de nuestra cultura moderna. Pero nunca más, desde su inauguración en ese lejanísimo siglo XX a. C., el saqueo y la cacería humana habrían de apartarse ya del concepto histórico. Lo hemos heredado. Lo continuarán: Asiria, Persia, Grecia, Roma (sin olvidar el propio saco di Roma), y modernamente vemos la destrucción de Cuzco y Tenochtitlán, más próxima a nosotros. Ya no podemos dejar de asombrarnos, pues aún en este comienzo del siglo XXI de nuestra era, la cacería humana fue expuesta al mundo recientemente en Sarajevo, Servia, Bosnia, Chechenia