En los confines del universo,el Arconte mana un vaho translúcido que cohexiona los elementos siderales que se reparten por el fluído etérico que lo impregna todo.Una bella radiación astral se confunde con ellos en el momento apoteósico de la conflagración universal,tragándose el Demiurgo,generador de la materia,los restos muertos que arden como ascuas.Mas el nimbeado manto de Lucifer no.Este permanece en un vacío gravitacional que le hace sentir la llaga purulenta de la soledad recalcitrante.Quiere volar,pero no puede.No hay ya fluído aéreo con el que desplegar sus majestuosas alas.Entonces decide proyectar de la gema purpúrea que porta en su pálida frente una especie de caos en el que se debaten los elementos antiquísimos y preternaturales a todo origen de la vida.Al lograrlo,el Arconte siente una puñalada en su críptico corazón de oro y no puede hacer más que replegarse sobre sí hasta desaparecer en un punto metafísico que se evapora en el instante que la eternidad claudica por siempre jamás.
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