En los oídos de un niño o en su carne.
En los juegos de alfiles con rotondas de grisú.
Detrás de una mano abierta, en los pantanos
del miedo. Con la voz transparente
que raspa los días y el ser que se dobla
como una espiga de sal. En la paz roja
de los teléfonos que sangran temor.
Con tu muro que es de cuarzo insondable,
con mi cobardía sin luz. Allí, ¡allí!
donde habite el silencio.
En los juegos de alfiles con rotondas de grisú.
Detrás de una mano abierta, en los pantanos
del miedo. Con la voz transparente
que raspa los días y el ser que se dobla
como una espiga de sal. En la paz roja
de los teléfonos que sangran temor.
Con tu muro que es de cuarzo insondable,
con mi cobardía sin luz. Allí, ¡allí!
donde habite el silencio.