Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

La luna de amor vacía
se llena con gris demencia
rogándole a Dios clemencia,
¡perdón a su rebeldía!
Vistiendo de blanco armiño,
dejó tras sí la mudanza
a tanta y tanta alabanza
al velo de su corpiño.
Bajó el telón de los cielos
por mil luceros rasgado,
desierto está el decorado
de halagos y de camelos.
Se fue buscando la aurora
de un sol que orbite en su talle
y nunca le torne dalle
el sueño que la enamora.
Habrá de llegar el día
que ultime mi voz tu ausencia
dictando por fin sentencia
aunque muera el alma mía.
Pues saben mis besos niño
a lágrimas de añoranza,
a lúgubre, oscura danza,
el verso que aquí me ciño
y pinta con negros duelos
mi pulso deshabitado,
tejiendo en humo un brocado
que el tiempo muda en flagelos.
Ayer, mañana y ahora
desgarran hasta que estalle
la luna sin gobernalle
de anhelos, dueña y señora.
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