Ziler
Poeta recién llegado
Profanando mi máscara en este infierno de libertinaje, mi arrogancia dicta un lurdo retazo artístico, incapaz de distinguir entre un ocaso ajado y una noche de borrachera fatua.
Perdido en el ocio trivial, un vacuo establecimiento me sirve mi ginebra sin tango. Mientras tanto, bajo esta abulia crónica, colecciono amores destinados al cenicero y a mi lujuria desleal; esa que impone madrugadas de retiradas inaudibles y me protege de los encantos de adelfas cínicas, las que todavía deambulan con su belleza indescriptible.
Ya sopesé la parodia de desnudar mi andrajosa armadura y aprendí a añejar mi ego con un fulgor lozano. Así salvo mi inexistente pluma de ser cercenada por esa hoz álgida que esculpió los pilares de este palacio intransigente y lacrado, un legado de harapos que me abrigan de este condenado frío.
Perdido en el ocio trivial, un vacuo establecimiento me sirve mi ginebra sin tango. Mientras tanto, bajo esta abulia crónica, colecciono amores destinados al cenicero y a mi lujuria desleal; esa que impone madrugadas de retiradas inaudibles y me protege de los encantos de adelfas cínicas, las que todavía deambulan con su belleza indescriptible.
Ya sopesé la parodia de desnudar mi andrajosa armadura y aprendí a añejar mi ego con un fulgor lozano. Así salvo mi inexistente pluma de ser cercenada por esa hoz álgida que esculpió los pilares de este palacio intransigente y lacrado, un legado de harapos que me abrigan de este condenado frío.