Madrugada

Franco Harris

Poeta recién llegado
Los ojos de la bestia han perforado mi alma,
esa mirada siniestra que enamora la calma
y seduce el momento empapando mi cama.
Sabe como tocarme, siempre lo ha sabido,
sigue mis pasos ágilmente, incluso el mas decidido.
No hay hacia donde correr
los años son suyos al parecer
con la sabiduría de siglos
y la malicia de tantos enemigos,
se ha formado una peligrosa obsesión
acerca de mi alma con toda percepción.
Esta aquí, huelo su arcaico aliento
que me aprisiona por la espalda,
siento su helada caricia que me cercena cual filosa espada.
¿Que clase de amor profesas demonio aterrador,
que en mi lecho, las rosas parecen sangrantes
besos de carne macilenta y deseos tan arrogantes?
¿Acaso mi lánguida fe,
no se sustenta poderosa
ante tu lujuria rabiosa
condenando esta pobre historia amorosa?
Si el crucifijo en mi pared
no detuvo tu depredadora entrada
mientras dormía aguantando la sed,
las oraciones olvide en forma desmesurada.
¡Vete de aquí, diablo embaucador,
déjame cumplir el sueño de mi amada!
Lame aquella tu herida al cobijo de las sombras,
Justo ahí donde una estaca planté en tu corazón,
enamorarte de las ratas que ahora te rodean,
rastreros sirvientes que a tu orden se regodean.
amales sin compasión alguna
que dispuestos están a conseguirte hasta la luna,
aleja de mi tu hermosa figura,
cascara podrida, gastada de furia
y sufre ese tu pesar eterno
como garantía absoluta de que te espera el infierno.
Tus dentelladas, tu sangre contaminada,
tu amor, tu maldad desenfrenada,
nada hará que en mi corazón,
tu negra semilla vuelva a ser germináda.
La diferencia entre tu y yo...
Es que tu solo muerdes y te entregas a la nada
y yo...
Soy paciente en la penumbra
para ver como ardes en la madrugada.
 

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