Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
El día piensa por mí cuando yo me distraigo pensando en qué haría el día si no tuviera que fingir que es un día.
Porque el sol no brilla: redacta, en lenguaje de quemadura, su propio argumento.
Y yo, que no soy metáfora ni tampoco literal, me asomo al espejo como quien espera que el reflejo dé la primera palabra.
El silencio tiene su propia gramática, pero nadie quiere aprender a conjugarla.
Y si digo “yo”, ya estoy mintiendo: demasiados pronombres habitan esta primera persona que se parece más a un plural sospechoso.
Pensar no es entender, es acumular versiones no verificables de una misma duda.
La sintaxis es una excusa para ordenar el caos que el sentido no se atrevió a desmentir.
Yo era feliz antes de saberlo, o eso dijo una voz que no recuerdo haber inventado.
Entre “ahora” y “nunca” no hay diferencia cuando el verbo se niega a completar su tránsito.
Y sin embargo, sigo escribiendo como si alguna frase, alguna, alguna vez, algún día...
...supiera cerrar lo que ape
nas comienza.
Porque el sol no brilla: redacta, en lenguaje de quemadura, su propio argumento.
Y yo, que no soy metáfora ni tampoco literal, me asomo al espejo como quien espera que el reflejo dé la primera palabra.
El silencio tiene su propia gramática, pero nadie quiere aprender a conjugarla.
Y si digo “yo”, ya estoy mintiendo: demasiados pronombres habitan esta primera persona que se parece más a un plural sospechoso.
Pensar no es entender, es acumular versiones no verificables de una misma duda.
La sintaxis es una excusa para ordenar el caos que el sentido no se atrevió a desmentir.
Yo era feliz antes de saberlo, o eso dijo una voz que no recuerdo haber inventado.
Entre “ahora” y “nunca” no hay diferencia cuando el verbo se niega a completar su tránsito.
Y sin embargo, sigo escribiendo como si alguna frase, alguna, alguna vez, algún día...
...supiera cerrar lo que ape
nas comienza.
