Adrián González Diez
Poeta recién llegado
La noche ya llega...
con el sigilo de un lobo.
Me espera la luna
con la mesa lista
embellecida
con un postre de estrellas.
El color gris
bebe de la brisa;
que ya cansada,
no puede recorrer
la estela del sol.
Tus manos
se posan en mis hombros
y nuestros recuerdos
se reavivan
hasta quemar
mi mirada salada.
Siempre estarás en mi corazón.
Los años
no marchitarán jamás
la flor que floreció
con tu marcha...
No volverán
tus ojos a sonreírme.
Tu voz desapareció para siempre ...
para siempre.
Siento que se desmorona la vida
ante la tristeza de la muerte,
viendo a tu ausencia incansable
pisar mi humilde rescoldo.
Lo siento.
Sé que ya es tarde
para abrazarte con un te quiero.
Perdóname ...
Podía haber sido otro
pero decidí ser mediocre.
Ahora tu alma viene a mí,
y todos mis errores
son yo;
porque no fuimos...
con el sigilo de un lobo.
Me espera la luna
con la mesa lista
embellecida
con un postre de estrellas.
El color gris
bebe de la brisa;
que ya cansada,
no puede recorrer
la estela del sol.
Tus manos
se posan en mis hombros
y nuestros recuerdos
se reavivan
hasta quemar
mi mirada salada.
Siempre estarás en mi corazón.
Los años
no marchitarán jamás
la flor que floreció
con tu marcha...
No volverán
tus ojos a sonreírme.
Tu voz desapareció para siempre ...
para siempre.
Siento que se desmorona la vida
ante la tristeza de la muerte,
viendo a tu ausencia incansable
pisar mi humilde rescoldo.
Lo siento.
Sé que ya es tarde
para abrazarte con un te quiero.
Perdóname ...
Podía haber sido otro
pero decidí ser mediocre.
Ahora tu alma viene a mí,
y todos mis errores
son yo;
porque no fuimos...
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